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lunes, 5 de junio de 2017

Algunos comentarios sobre la primera Subasta del Nuevo DICOM

A continuación algunos breves comentarios de un rápido análisis del listado de adjudicados en la primera subasta del sistema de asignación de divisas DICOM 2.

El comunicado emitido por el BCV afirma que fueron adjudicados $22.9 millones a personas jurídicas. En la revisión del listado sólo encontré 650 empresas, cuyas asignaciones totalizan $17.97 millones. De ese total


  • 262 empresas recibieron $6.7 millones para importar productos terminados
  • 184 empresas recibieron $5.74 millones para importar materia prima
  • 128 empresas recibieron $1.2 millones para importar insumos y repuestos y 40 empresas obtuvieron $1.2 millones para el pago de deudas.

Un detalle sorprendente es que 21 empresas pudieron obtener $140.654,89 para ahorrar en divisas y 3 otras organizaciones obtuvieron $169.785,84 bajo el concepto “otros”



En cuanto a las importaciones, factor clave para la superación de la ruinosa situación de la economía nacional y la calamitosa realidad de hambre y colapso de la sociedad venezolana se observa que el 40.9% de las divisas asignadas irán destinadas a la importación de productos terminados, el 35% a la compra de materias primas para su transformación en el país, el 19.6% a la compra de insumos y repuestos mientras que sólo el 4.5% irá destinado a la inversión en nuevas capacidades productivas de 7 empresas, incluyendo a MODEXEL CONSULTORES E SERVICOS, S.A. una empresa de “consultoría” que fue adjudicada con más de 75.000 dólares para importar bienes de capital. Esta empresa, de acuerdo con el Servicio Nacional de Contratistas se dedica a 

PRESTACION DE SERVICIO DE CONSULTORIA ECONOMICA, INFORMATICA, EN LA CREACIÓN Y DESARROLLO DE EMPRESAS DE AMBITO INTERNACIONAL, MARKETING, PUBLICIDAD, ADQUISICION DE BIENES INMUEBLES PARA REVENDA, GESTION DE SU PROPIA CARTERA DE TITULOS, ADQUISICION, TRANSFERENCIA Y EXPLORACION TEMPORARIA O PERMANENTE DE CUALQUIER FORMA DE DERECHOS DE PROPIEDAD INTELECTUAL O INDUSTRIAL, INCLUYENDO ASISTENCIA TECNICA, COMISIONES Y CONSIGNACIONES Y EL COMERCIO DE IMPORTACIÓN Y EXPORTACIÓN.




Resta ver qué clase de bienes de capital tendría que importar una empresa de esta naturaleza.

Respecto a la importación de bienes terminados, lo cual es perfectamente legítimo llama la atención algunos casos particulares

La importación de electrodomésticos y electrónica de consumos ha recibido una consideración especial. Como en los mejores tiempos de CADIVI, en un país donde no hay fórmulas lácteas para los neonatos internados en el hospital JM de Los Rios, las tiendas CLX donde se comercializan productos SAMSUNG de primera necesidad, recibieron al menos 326.000 dólares mientras que Importadora Canaima recibió $400.000. Cyberlux de Venezuela, del recordado grupo de empresas que incluye DAKA) recibió poco más de $115.000 aunque esta vez para la compra de insumos y repuestos.

Algunos importadores del puerto Libre de Margarita también se vieron beneficiados por la entrega prioritaria de dólares subsidiados. En conjunto, Sport Time y Sport Master recibieron poco menos de 450.000 dólares mientras que Von Road Center recibió más de 260 mil dólares. 

La tienda por departamentos Traki, recibió al menos $102.000 para la importación de productos terminados mientras que las empresas Inversiones Deportiva 2011 y Venezuela Deportiva 2011 recibieron poco más de $100.000, y hasta una importadora de chocolates y confitería fue adjudicada con $170.000. ¿Alguien recuerda la emergencia económica?

A las debilidades estructurales de este sistema de asignación de divisas (restricción de oferta, tipo de cambio artificial que sobre estimula la demanda) se le suma un criterio de asignación errático que en nada se corresponde con la realidad de un país donde crecientes segmentos de la población se enfrentan a las más precarias condiciones de existencia. El DICOM 2 es una piñata, más pequeña que las anteriores pero a la que igual intentarán darle palo hasta dejarla vacía. Si se lo permitimos

@jhernandezucv



jueves, 21 de julio de 2016

Importaciones privadas con divisas propias







En el primer semestre del año la situación económica del país ha atestiguado un notable empeoramiento de todos los indicadores, especialmente los indicadores sociales. La estrepitosa caída del consumo de los hogares incluso en rubros básicos como alimentos, y la virtual paralización en la producción nacional, conducen a la economía venezolana en 2016, a un decrecimiento récord del PIB que difícilmente será menor al 10% y una tasa de inflación de tres dígitos. Ningún país del planeta en toda la historia ha registrado un desempeño económico tan malo en tiempos de paz y sin catástrofes naturales que lo expliquen.

La política económica del gobierno en respuesta ante la grave situación, continúa siendo errática, incompleta, parcial, intermitente, contradictoria y altamente inefectiva. Por una parte, se intentan aproximaciones tímidas hacia el sector privado y mecanismos de mercado como la cotización del DICOM o la actualización abrupta de precios con considerables rezagos, pero por otra parte sectores del gobierno se rehúsan a perder el control sobre variables económicas de importancia y los corruptos negocios asociados. Muestra de ello es el muy ineficiente intento de controlar la distribución de alimentos por medio de los CLAPs o la ocupación de la planta de Kimberly Clark, una fórmula experimentada muchas veces en años recientes con estruendosos fracasos.


La realidad es que la situación de escasez de alimentos y de otros rubros responde fundamentalmente a tres razones:

Caída de las importaciones

Durante el período de vigencia del control de cambio, con ingresos de divisas crecientes por exportación petrolera y en un contexto de guerra entre el sector privado y el estado, se reforzó la dependencia del país respecto a las importaciones. El estado asumió como política antiinflacionaria el anclaje cambiario lo que aniquiló la competitividad relativa de la producción local en favor de las importaciones que, también estaban controladas directa o indirectamente por el gobierno nacional, bien como administrador de las autorizaciones de divisas o bien como importador directo de bienes.

De acuerdo con las cifras de Balanza de Pagos publicadas por el Banco Central de Venezuela, en el lapso 2003-2014 se registraron ingresos por exportación por USD 830.159 e importaciones de bienes y un saldo en servicios que totaliza USD 591.334 en el mismo período. En ese lapso las importaciones pasaron de 27.230 millones de dólares (2003) a más de 60.000 millones de dólares (2014) lo que equivale a un crecimiento de 376%. Una expresión innegable del rentismo sobre el cual se pretende justificar el innegable fracaso de la política económica del Chavismo.

Ante la caída del ingreso petrolero y con la parálisis de la producción interna y una exacerbada dependencia de las importaciones, es natural que se registren importantes interrupciones en los proceso de producción de la industria local y una marcada ausencia de bienes importados. 




Política de precios internos

En aras de lograr una redistribución del ingreso y para acometer una política social mal diseñada, el gobierno nacional ha implantado una política –a todas luces fallida- de congelación y regulación de precios en el tiempo que trajo como consecuencia el rezago incluso durante años, del precio de venta de diferentes rubros hasta anular toda rentabilidad posible en su producción por parte del sector privado, disminuyendo su disponibilidad e incentivando el contrabando de extracción. Aun cuando el gobierno durante el primer semestre de 2016 realizó ajustes salvajes de 300%, 500% ó 900% en diferentes rubros, el daño ocasionado en las cadenas de valor demorará en ser superado, máxime cuando continúa la misma política de esperar a que el gobierno autorice las modificaciones en los precios, incluso contraviniendo lo establecido en la Ley de precios justos en cuanto al límite de utilidad permitido.

Expropiaciones

En esta materia el daño ha sido considerable. Las expropiaciones de fincas, hatos y plantas anteriormente productivas, retiró del mercado buena parte de la oferta en bienes en rubros simbólicos como las cabillas y el cemento. Por otra parte, el fracaso de Agropatria que sucedió a la expropiación de Agroisleña y una serie de políticas erradas en la producción e importación de alimentos, explica buena parte de la escasez de esos rubros.


Semestre 2016-II

En el segundo semestre del año el panorama no luce mejor. Las reservas internacionales del país se han reducido 28% durante el primer semestre y el margen de maniobra para disponer de activos externos se ha reducido considerablemente a raíz de algunas operaciones realizadas por el gobierno durante 2015. El precio del petróleo permanece estable y luce improbable que su cotización promedio alcance los 45USD por barril durante el año, a lo que se le suman los problemas reportados para que PDVSA mantenga o incremente su producción, comprometiendo aún más el ingreso petrolero.

El panorama es claro: es imprescindible incrementar las importaciones y la eficiencia con que se manejan las mermadas disponibilidades de divisas. El estado venezolano comprometido como está con el pago de las obligaciones de deuda externa, con una notable disminución de ingresos e imposibilitado de recibir financiamiento externo, incluso de China, su aliado financiero de los últimos años, exhibe una escasa capacidad para mejorar la situación de cara al segundo semestre.

Entonces que se podría hacer?
Permitir las importaciones con dólares No Oficiales

El gobierno venezolano sigue dando muestras de aislamiento respecto al clamor de la sociedad y de las recomendaciones que en materia económica han realizado personalidades, académicos e instituciones, incluso las que le son ideológica y políticamente afines como es el caso de Unasur. Aun en este contexto, es necesario continuar proponiendo medidas para que quienes tienen en sus manos la conducción de la política económica, las consideren dentro del limitado set de herramientas disponibles dentro del marco ideológico-electorero que condiciona la acción del gobierno nacional.

El artículo 22 de la Ley del Régimen Cambiario y sus Ilícitos penaliza con cárcel y sanciones económicas a quienes “… promocionen, comercialicen o determinen los precios de bienes y servicios utilizando como referencia un tipo de cambio distinto a los permitidos por la normativa cambiaria o al fijado para la operación cambiaria correspondiente por la administración cambiaria”. Esta disposición limita las posibilidades de los agentes económicos privados de utilizar sus propias divisas para sus importaciones, por cuanto reconocerlas a las tasas oficiales representaría una pérdida patrimonial anunciada, al establecer precios que no garantizan la reposición de esas divisas en el único mercado posible: el mercado desregulado, una condición que el DICOM aún no cumple.

De acuerdo con las cifras del Banco Central de Venezuela en su reporte de la Posición de Inversión Internacional de la República, al cierre del tercer trimestre de 2015 (último publicado) el sector privado residente en Venezuela mantenía una posición en activos por el orden de los 150 millardos de dólares. Una parte de este enorme caudal de activos estarían recibiendo en el exterior una rentabilidad mucho menor que la que recibirían en Venezuela si se aplican a una actividad comercial menos restringida que la que ofrecen las condiciones actuales, donde cualquier funcionario, incluso de bajo nivel jerárquico puede ganar puntos con sus superiores, interviniendo, cerrando y multando comercios y decomisando mercancía. A partir de estos recursos, existe un considerable potencial para incrementar el flujo de importaciones del sector privado en el segundo semestre si se manejan los incentivos correctos.

Los agentes económicos venezolanos se posicionan en divisas, no por el rendimiento financiero que estas ofrecen que es más bien bajo, sino por la protección que brinda ante el exacerbado riesgo cambiario que exhibe la economía nacional. Si se facilitan las condiciones –especialmente la libertad de precios- para que la rentabilidad del comercio supere las expectativas de devaluación es perfectamente posible que buena parte del sector comercial logre abastecer sus establecimientos con sus propios dólares en los próximos meses. Esto puede ser muy conveniente y de bajo impacto distributivo para rubros no estratégicos como la electrónica de consumo, tecnología, vestido, automóviles, juguetes, calzado, bebidas alcohólicas y servicios turísticos.

Si en dos semanas, 150 mil venezolanos estuvieron dispuestos a cruzar hacia Colombia para comprar bienes de aquel lado de la frontera pagando precios mayores que los precios oficiales y esto representa un beneficio para sus presupuestos respecto a su situación actual, es sencillo imaginar que más libertad de comercio puede causar de inmediato un mayor nivel de bienestar y una expansión aunque sea modesta, del nivel de actividad económica, incluso en las terribles circunstancias que vive el país. La despenalización de las importaciones con tipo de cambio no oficial, es una medida que se inserta en una estrategia progresiva de flexibilización, de sinceración de la realidad económica y permite al estado enfocarse en lo que es realmente importante en este momento: alimentos y medicinas.


@jhernandezucv




martes, 12 de abril de 2016

Motor Turístico: Del convenio cambiario Nº 36 a la cocirculación cambiaria





El día 07 de abril de 2016 fue publicado en Gaceta Oficial, el convenio cambiario Nº36 cuyo objetivo es establecer las “Normas que regulan las operaciones en divisas efectuadas por prestadores de servicios turísticos que operen turismo receptivo, así como los pagos de mercancía destinadas a la venta a pasajeros”. En el contexto de la severa restricción en la disponibilidad de divisas que afronta la república como consecuencia de la caída del ingreso petrolero, la introducción de esta normativa es, sin duda alguna, un elemento positivo en el conjunto de medidas que progresivamente –con una desesperante lentitud- viene adoptando el gobierno nacional como mecanismo para la superación de la profunda depresión económica que vive el país.

Para ponerlo en términos simples, la normativa promulgada permite que las agencias de viajes, prestadores de servicio de transporte y hoteles de 4 y cinco estrellas, puedan recibir pagos en moneda extranjera en sus establecimientos por parte de turistas extranjeros, proporcionándole al turista una tasa más atractiva para el cambio legal que la que venía rigiendo la actividad turística.

La medida está bien orientada pero es sin duda incompleta. En primer lugar porque la tasa DICOM que regirá las operaciones del sector turismo, presenta a la fecha –y a pesar de la marcada depreciación del último mes- un valor que mantiene el hacer turismo en –por ejemplo, Margarita- como una de las opciones más costosas del competido mercado caribeño, donde abunda la oferta de servicios de primera calidad, a precios accesibles –o en todo caso con opciones para todos los presupuestos- y con menos problemas que la oferta turística criolla donde se agudiza la escasez de bienes, el transporte aéreo es impuntual y de escasa oferta, la continuidad de los servicios más básicos como agua y electricidad está comprometida y donde el factor inseguridad destruye los pocos, ineficientes, esporádicos y cambiantes esfuerzos por posicionar a Venezuela como un destino turístico de referencia.

En segundo lugar, la medida limita la realización de las operaciones en divisas a los establecimientos anteriormente mencionados, desconociendo el potencial que tiene para fomentar turismo receptivo cultural, religioso, deportivo, médico, de aventura entre otros, las redes de prestadores de servicios conformados por un tejido de pequeñas y medianas empresas que podrían robustecer la competitividad de la oferta turística local, en caso de ser incluidos en los escenarios cubiertos por el convenio cambiario Nº 36. Restaurantes, discotecas, taxis, guías turísticas, posadas entre otros servicios pueden ofrecerse a una tarifa competitiva para el turista extranjero y proporcionar una utilidad atractiva para el operador local en el contexto de una economía que necesita desesperadamente diversificar sus fuentes de generación de divisas.

Y es que en la práctica ya ocurre: cuando se cobra a tasa paralela –él único tipo de cambio realmente existente para la mayoría- hacer turismo en Venezuela es ridículamente barato para los turistas extranjeros. Lamentablemente, las transacciones a esa tasa son ilegales, lo que eleva el riesgo de los turistas de caer en manos de la proverbial viveza criolla, que deteriora las posibilidades de desarrollo futuro de la actividad turística en el país. Un marco jurídico que formalice la competitividad cambiaria de la que goza el país en los hechos, puede tener efectos positivos en lo inmediato.

La Cocirculación monetaria. Una posibilidad real para Venezuela

A pesar de las enormes dificultades que atraviesa el país, son pocas las dudas que existen respecto a las potencialidades que ofrece el territorio nacional para el desarrollo de una oferta turística variada y de calidad. La posibilidad de reactivar en el corto plazo la actividad turística en el país, pasa por la adopción –en una primera fase, en las zonas francas de Paraguaná y Margarita- de un régimen legal que permita la cocirculación de moneda extranjera en las operaciones realizadas en esos territorios vinculados fundamentalmente al turismo y las exportación de servicios asociados.

Es bien sabido que esas zonas han perdido empuje, en la medida que se profundiza el deterioro del país en diferentes aspectos. Ante la imposibilidad de acceder a divisas, ha mermado considerablemente la oferta de bienes en esas regiones, lo cual ha sido tradicionalmente uno de los atractivos más importantes de esos polos turísticos. De adoptarse la cocirculación monetaria, al tiempo que se avanza en la corrección de la sobrevaluación del tipo de cambio “complementario” es perfectamente posible, que los empresarios de esas regiones, se animen a financiar con sus propios recursos, las importaciones necesarias para insuflarle vida a la actividad comercial de las zonas francas referidas, recuperando en divisas las inversiones realizadas, eliminando así, el riesgo cambiario que mantiene paralizada a la economía nacional. La cocirculación monetaria legaliza e incentiva el desarrollo de productos y servicios captadores de divisas, su acumulación por parte de los agentes privados, y su libre disposición en el mercado cambiario.

La cocirculación monetaria permitiría estimular la creación de oferta turística competitiva, la inversión de capital privado, el aumento en la disponibilidad de bienes importados, la generación de divisas y en general un círculo virtuoso de inversión y crecimiento turístico en las zonas francas del país. El papel del estado debe enfocar todos sus esfuerzos en la provisión de servicios como agua, electricidad, saneamiento ambiental y seguridad ciudadana, impidiendo la anarquización y depauperación de las ciudades y en general, ordenando el funcionamiento de los espacios con potencial turístico. La creación de oferta y el manejo del negocio turístico corresponden a la empresa privada y allí existe un gran potencial para la incursión de pequeños emprendedores y diferentes formas de propiedad en ese sector que es de baja intensidad de capital y cuyos beneficios se democratizan rápidamente mediante el surgimiento de redes interdependientes de proveedores locales.


Econ. Javier Hernandez
@jhernandezucv
discusionpoliticavzla.blogspot.com


viernes, 11 de marzo de 2016

Consideraciones sobre el tipo de cambio dual




Desde hace tiempo defiendo la idea de que el tipo de cambio dual es el mejor arreglo cambiario posible para Venezuela tomando en cuenta las características estructurales de su economía. No es que me oponga a una unificación cambiaria en el largo plazo, pero considero que el tipo de cambio dual responde mejor a la realidad peculiar de la economía nacional.

Y es que no existe en este momento una tasa de cambio que “exprese el promedio de la productividad de la economía nacional” simplemente porque en nuestro territorio conviven dos economías diferentes: la economía petrolera (llamémosle extractivista, para adecuarnos a la nueva realidad dado el remate al peor postor que se está haciendo de nuestras riquezas mineras) y la economía no petrolera (no extractivista para seguir con el mismo criterio).

La economía extractivista tiene vocación fundamentalmente exportadora, por lo que tiene una productividad relativamente alta en término de la generación de ingresos en divisas para el país. Esta economía representa el 30% del Producto Interno Bruto del país, el 50% de los ingresos fiscales, y el 98% de nuestro ingreso en divisas, además de ser el motor por excelencia de la demanda aguas debajo de insumos en industrias conexas.

El resto de la economía es el sector no extractivista cuyas principales actividades son comercio y servicios que, si bien generan la mayor parte del PIB y del empleo, tienen una bajísima productividad en términos de generación de divisas y son de hecho, altamente dependientes de los dólares que genera la actividad extractivista. En términos llanos, la economía extractivista es la locomotora, todos lo demás somos vagones sin tracción propia (en cuanto a divisas se refiere) halados por esta. Claro está que existen honrosas excepciones como las exportaciones de ron, chocolate y algunos productos semielaborados, pero es muy poco cuando se compara con el total de la economía.

De modo que “promediar” el valor de la divisa usando un sector que no produce divisas con otro que si produce, equivale a darle la razón a Bernard Shaw cuando afirmaba: "La estadística es una ciencia que demuestra que, si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno." En términos concretos, si la TC resultante tiende a la productividad del sector extractivista, se hace demasiado barato potenciando la demanda excesiva y si se encarece mucho, genera impactos sociales mediante a la reducción del salario real.

De las medidas propuestas…

Hace un par de meses, presenté al Ministerio de Finanzas una propuesta de plan económico que contemplaba algunas de las medidas que recientemente ha anunciado el nuevo Ministerio de Economía Productiva, entre ellas, el hoy vigente régimen de cambio dual. En la referida propuesta se planteaban como principios rectores del esquema de tipo de cambio dual los siguientes:

   - Es un deber y un derecho irrenunciable del estado Venezolano la administración de las divisas provenientes de la actividad extractiva en función de un plan de desarrollo. Dado el agotamiento de la renta petrolera, tales recursos deberían asignarse a la importación de bienes prioritarios (alimentos, medicinas e insumos estratégicos para la industria) en el marco de un presupuesto de divisas preanunciado y discutido con el sector productor público y privado.

   - Debe establecerse los incentivos para el trato diferenciado entre los sectores con potencial generador de divisas y los sectores insumidores netos de dólares permitiendo a los primeros, la libre disposición y acumulación de divisas de una elevada proporción de sus ingresos en moneda extranjera, e introduciendo la posibilidad de la cocirculación monetaria en las zonas francas y turísticas del país. En dos platos: que quien quiera dólares que los produzca (o los compre en un mercado libre, sin subsidios) y que quien produzca dólares, pueda disponer de ellos, acumularlos o venderlos en el mercado al precio que mejor le convenga.

      -    El arreglo cambiario propuesto aisladamente no soluciona nada, pero en conjunto con otras medidas relacionadas con la política de sinceración de precios internos, el ajuste del precio de la gasolina y la modificación profunda del esquema de subsidios, con la consiguiente adopción de mecanismos de subsidios directos a las familias, transformaría radicalmente y en un tiempo relativamente corto la situación económica del país.

… a las medidas anunciadas

Finalmente el gobierno anunció medidas en materia económica, luego de un irresponsable y desesperante silencio en el contexto de la peor crisis en la historia reciente. Los ajustes anunciados en el tipo de cambio y en el precio de la gasolina, si bien representan un alivio para las finanzas públicas están muy lejos de resolver la grave situación económica del país. Estimaciones de Ecoanalítica, sitúan en 8% del PIB la recaudación adicional por parte del fisco, lo que llevaría el déficit fiscal a la asombrosa y aun insostenible magnitud de 10-12% del PIB. Con el anuncio de la participación de PDVSA en el DICOM, esas cifras deben mejorar.

DIPRO y DICOM

Los anuncios realizados hasta ahora sobre el nuevo sistema dual dejan más preguntas que respuestas. En primer lugar, no es nada nuevo anunciar tipos de cambio diferenciales. Por otra parte, hay un problema de credibilidad ya que sistemas anteriores (SITME, SICAD y SIMADI) han fracasado por las mismas razones: restricción a las fluctuaciones de su cotización real y baja oferta, lo cual refuerza la posición de referencia del único dólar que realmente existe que es el dólar paralelo.

Un punto positivo de estos anuncios es el relacionado con el abandono del anclaje cambiario. Permitir la fluctuación de ambos tipos de cambio es fundamental para evitar el temprano colapso del sistema. La determinación por las fuerzas del mercado del sistema complementario, y el ajuste en función de la inflación –como mínimo- de la tasa protegida contribuye a su estabilidad en el tiempo. Así mismo, debe entenderse que la opacidad en los mecanismos de asignación y formación del precio, el desconocimiento de los mecanismos y estimaciones de participación de PDVSA y el BCV en el DICOM, el enorme diferencial entre ambas tasas y la inclusión de jubilados y estudiantes en el sistema protegido son grandes debilidades del sistema anunciado. En cualquier caso, serán el impacto en la caja de PDVSA y las magnitudes de transacciones que se realicen en ambos mercados, que es en definitiva lo que determina el TC promedio de la economía –y la posibilidad de que estos TC se reflejen en los precios internos- los factores críticos para el éxito del sistema.

Perspectivas

Las perspectivas no son buenas. Las medidas tomadas aun cuando apuntan en la dirección correcta, parecen no dirigirse a la solución definitiva del problema sino a la “compra de tiempo” por parte de las autoridades. Mantener un dólar absurdamente sobrevaluado a Bs.10 cediendo además a la presión de sectores sociales beneficiarios del subsidio cambiario es una enorme debilidad del anuncio. Si a eso le sumamos el fracaso reciente de sistemas similares la confiabilidad de los anuncios tendrá que probarse en los próximos días.

En resumen, los ajustes realizados son tímidos e insuficientes. La gravedad de la situación demanda ajustes de mayor magnitud. La situación –salvando las diferencias- se asemeja a un paciente gravemente enfermo al cual le ordenan 20 dolorosas inyecciones pero él decide acatar sólo parcialmente la prescripción médica y aplicarse únicamente dos para evitar el dolor. Igual sufre y puede estar seguro de que no podrá curarse.

Las próximas semanas son cruciales para probar si esta vez hay voluntad de cambio que permita comenzar a revertir las perspectivas negativas sobre el futuro del país. Además, queda pendiente resolver el déficit del sector externo, pero eso ya es otro asunto

@jhernandezucv