Mostrando entradas con la etiqueta militares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta militares. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de febrero de 2019

La geopolítica detrás del derrocamiento de Nicolás Maduro



La dictadura de nuevo tipo que se instauró en Venezuela de la mano de Nicolás Maduro bien podría ser perfectamente funcional a los intereses estadounidenses de no ser por la incómoda presencia de rusos y chinos como competidores directos en el control de los recursos del país, una influencia que desde hace mucho le quita el sueño a los sectores más conservadores de los EEUU, que ven como en su patio trasero se pasean tranquilamente sus rivales históricos [1].

Es en este contexto que se produce el movimiento liderado por EEUU para derrocar a Nicolás Maduro. No se trata de un problema de catástrofe humanitaria que, ciertamente afecta a sectores de la población imposibilitados de acceder a las condiciones mínimas de subsistencia. Mucho menos se trata de la preocupación del Departamento de Estado por la pulverización de la economía venezolana y el bienestar de su población. Ni siquiera se trata de las constantes violaciones de los derechos civiles de miles de venezolanos que nos han impedido librarnos del peor gobierno en la historia del país. Se trata de que simplemente, los sectores más conservadores de la sociedad norteamericana han logrado colocar en la Casa Blanca, a unos peligrosísimos personajes que buscan -de forma abierta y desvergonzada- desplazar a China y a Rusia, de su patio trasero.

Y es por eso que, siendo Maduro el líder de una organización criminal que controla los recursos de Venezuela, se ha convertido en un objetivo relativamente fácil y de consenso para las apetencias de la administración Trump y su promesa de “hacer a EEUU grande otra vez”. La abierta participación de los EEUU, el esfuerzo invertido por la plana mayor de la política exterior gringa expresado las decenas de tuits, discursos y mensajes de Mike Pompeo y John Bolton, así como el papel del senador Marco Rubio -enfocado en ganar y mantener simpatías en su clientela electoral de Florida- obliga a pensar que esta vez, la administración Trump va a llegar hasta el final en sus intenciones de derrocar a Maduro y colocar un gobierno alineado sin cortapisas a los intereses estadounidenses. Sin embargo, no hay que olvidar que Trump en los años que tiene en la Casa Blanca ha dado unos giros fabulosos si se comparan sus acciones con sus promesas electorales, como lo evidencia su postura indefinida ante Rusia, China, Corea del Norte, y lo intrascendente de sus reformas a Obamacare, la reducción de impuestos y al NAFTA. Sólo las sanciones a Irán y la batalla por el muro quedan en pie como parte de las promesas de Trump. Necesitan una victoria, y siendo Maduro prácticamente indefendible, Venezuela parece la ocasión perfecta para que EEUU “comience a ganar guerras otra vez”[2]

Pero el mundo ya no es lo que era y los rusos también juegan -y los chinos también-. Al plantear la situación como un todo o nada, los EEUU ponen contra la pared a las superpotencias rivales que difícilmente van a ceder sin pelear, la cabeza de playa que han ganado en este lado del Atlántico. No haya nada que Maduro pueda ofrecer a los gringos, porque el objetivo grande de los EEUU es la expulsión de chinos y rusos de su patio trasero. El movimiento encabezado por Juan Guaidó por otra parte, carece de capacidad de negociación ya que simplemente cumplen órdenes de Washington, y no hay nada que le puedan ofrecer a chinos y rusos sin desatar la ira de quienes les dan las órdenes. Quien paga la música, elige la canción.

Parece entonces que el juego está trancado y que las grandes decisiones sobre el destino de Venezuela no se toman en la confrontación Maduro-Guaidó sino en las conversaciones entre Sergei Lavrov y Mike Pompeo. ¿Hay alguna posibilidad de destrancar el juego sin que haya intervención armada? Quizá. Si el PSUV y sus aliados “sacrificaran” a Maduro obligándole a renunciar, como figura representativa de un gobierno empobrecedor y violador de derechos humanos, lograrían desarticular el discurso que ha posicionado la inminente necesidad de intervención extranjera para enmascarar las verdaderas intenciones del DoS norteamericano. ¿Una transición guiada por Delcy Rodríguez representaría un cambio importante para la situación del país? Difícil de creer, pero sin duda podría dar por logrado el objetivo de la administración Trump que, como sabemos, hace ver como grandes victorias lo que en realidad son logros más bien modestos.

¿Como quedarían los dirigentes opositores locales con algo así? Mal, seguramente, pero quizá esto siente las bases para el surgimiento de una oposición hecha en Venezuela, un poco menos pendiente de los radicales del tuiter y más pendiente de la defensa de nuestros intereses y de lo que en realidad necesitamos los venezolanos: una transformación de la relación estado-sociedad, sin caer en el liberalismo simplón, pero eso ya es otro tema.

@jhernandezucv





miércoles, 31 de agosto de 2016

La Toma de Caracas. Otra vez los militares







Podríamos decir que una vez más, lo que está planteado es que los militares sean los árbitros del destino de la república (los parteros de la historia)

La oposición, diversa como es, aspira a sentar las condiciones para que forzar a la FA a pronunciarse contra Maduro. Esas condiciones pasan por diversas estrategias desde el "foquismo" violento, hasta la legítima manifestación pacífica apegada a la aspiración de la mayoría por el referendo. Los contactos con los militares ya estarían hechos y estos sólo estarían a la espera del desarrollo de los hechos. Mucha gente en la calle y mucha actividad en las redes sociales y medios de comunicación es la estrategia cantada para seducir a los verdes y cubrir de legitimidad su actuación. Obvio que los contactos internacionales y la bendición de la OEA y parte del vecindario ya está asegurada.

El chavismo, decadente como está, defendido activamente casi exclusivamente por enchufados, asalariados y beneficiarios de todo tipo (desde los dirigentes con aspiraciones al botin, pasando por el extorsionable empleado publico hasta los receptores de las esmirriadas bolsas de los CLAPs -Clapchaqueros- sin negar la existencia de una minoría convencida legítimamente) busca disuadir a los militares potencialmente comprometidos con la rebelión con la mayor presencia civil posible en la calle. La estrategia comunicacional del chavismo se orientaría más que a una cobertura masiva, a "cazar" las metidas de pata de la oposición (que las habrá, sin duda) para desprestigiarla y vender al exterior la idea de que son unos golpistas y deslegitimarlos ante la opinión pública internacional.

Las cartas están echadas y otra vez serán las charreteras las que tendrán la última palabra

De nada de esto tengo pruebas. Es sólo lo que me imagino

@jhernandezucv