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martes, 8 de julio de 2014

Comentarios sobre la Unificación Cambiaria

¿UNIFICACION CAMBIARIA Ó PAQUETAZO SIN ANESTESIA?

Vuelve a hablarse sobre la unificación cambiaria. Al parecer, el lobby de ciertos grupos financieros comienza a hacer su efecto sobre el gobierno nacional y ya el ministro Ramírez ha señalado la inconveniencia de continuar con un complicado sistema de tres tipos de cambio.
No es que no tenga razón, hay consenso entre la mayoría de los economistas, especialmente esos a los que por mucho tiempo se le ha acusado ser “de derecha” sobre la necesidad de ordenar un solo tipo de cambio. Ahora desde el gobierno coinciden con lo que acaba de pedir FEDECAMARAS: control de cambio pero a un solo precio. El mundo sí que da muchas vueltas
Venezuela es una economía enferma, brutalmente distorsionada. No es posible siquiera pensar en la unificación cambiaria en el corto plazo, yo lo consideraría un plan a 3, a 5 años como mínimo. Y no puede haber un solo tipo de cambio porque en este país, conviven dos economías, con productividades ampliamente diferentes.
Por un lado, tenemos una economía petrolera, muy eficiente (en términos relativos) en la producción de dólares. Esta industria hoy genera al menos cien millardos de dólares en ingresos al año, representa el 95% de los ingresos por exportaciones, el 35% del PIB (directamente), el 50% de los ingresos del fisco y adicionalmente aporta contribuciones prefiscales por el orden de los 15-30 millardos de dólares al año (depende del ejercicio). Como se ve, es el único motor de la economía nacional.
Por otra parte, tenemos una economía petrolera muy ineficiente, importadora neta de cuanta baratija oferten los mercados internacionales, con un sector industrial privado insignificante, altamente dependiente de la importación de materia prima, tecnología, repuestos y otros. Finalmente, tenemos un hiper estado que se ha convertido en el propietario de grandes medios de producción, deficitarios en su mayoría, dependientes de subsidios fiscales, cambiarios, impositivos y operativos. En ese contexto, con un sector agrícola arrasado y severas deficiencias en la prestación de los servicios más básicos como electricidad, gas doméstico, agua potable, salud y educación, el gobierno se ha puesto a pensar, seguramente de la mano de cierta asesoría gala que hay que empezar por el final el necesario programa de ajustes, por la unificación del tipo de cambio. Oui Monsieur.
Informaciones de prensa han señalado, que en el gobierno se maneja la cifra de 25-30 Bs por dólar para el inicio de la “unificación” cambiaria –seguramente pondrán a los loritos de siempre Farías, Sanguino y otros a decir que no es devaluación- ¿Se habrá pensado bien en las consecuencias de hacer algo semejante? Un país estructuralmente acostumbrado a subsidios de todo tipo, que tiene ya varios años utilizando un tipo de cambio artificialmente barato para aumentar la capacidad de consumo de la población podrá resistir esto? ¿Cuáles serán los mecanismos de compensación para todas aquellas familias que hoy compran en las redes estatales cuando estas dejen de recibir dólares a 6,30 y comiencen a importar a la nueva tasa única? ¿Qué pasaría con los precios máximos de venta?
Otras preguntas ingenuas respecto al tema, esta vez orientada a quienes como muchos, tienen posibilidades un poco más allá de las tres comidas diarias: ¿Si el dólar “baja” a 25 bolívares, cuantos dólares estaría dispuesto a comprar? ¿en cuánto se endeudaría al 24% ó 29% de ser necesario? Téngase en cuenta que a Bs. 25, un carro usado cualquiera de gama baja cuesta $40.000. Yo vendería mi casa y me voy al mercado cambiario, Claro,  no faltará quien diga que mi problema es de valores.
¿Cuál es la tasa de cambio que puede hacer medianamente competitiva la producción nacional? En qué punto se haría rentable la sustitución de importaciones y la utilización de la capacidad ociosa de nuestro diminuto aparato industrial? Para ponerlo más claro: ¿Cuánto costaría un Vergatario –símbolo para muchos de la gloriosa época en que el comandante hizo de Venezuela una tierra independiente en materia tecnológica e industrial- si VTELCA tuviese que acudir al mercado unificado? SI el BCV no ha podido cubrir toda la demanda de SICAD2 a Bs. 50, como puede esperarse que la cubran a 25 ó 30? ¿21 millardos de dólares parece una cantidad acorde de reservas para realizar la unificación? ¿Cómo queda el salario mínimo a esa tasa y más triste aún, cuanto sería el salario de un médico ó un maestro en dólares? La unificación cambiaria como medida en el contexto actual sería una delicia para para los asesores comisionistas, pero un desastre social. El Caracazo, los intentos de golpes de estado y la inestabilidad política de aquellos años serían un recuerdo agradable en comparación a lo que se vendría.
No veo viable en el corto plazo una unificación del tipo de cambio. Debe comenzarse por atacar las causas de la inflación, dejar únicamente dos tipos de cambio, dejar deslizar progresivamente la tasa SICAD1, eliminar la tasa CENCOEX, reducir subsidios, especialmente el absurdo subsidio a la gasolina, racionalizar el gasto público, un plan de recuperación de las empresas estatales ineficientes ó su liquidación /privatización de ser necesaria, reducir el déficit de PDVSA, prohibir el financiamiento monetario entre otras medidas deben ser estructuradas en un plan coherente, a tres ó cinco años. ¿Qué suena a FMI? Es cierto pero si es lo lógico tocará hacerlo, lo que obligará a muchos a tragarse su discursito antiimperiaista. ¿Es impopular? Tal vez, pero es que buena parte de nuestro problema es que la construcción de la popularidad y de los mitos nos ha llevado a un uso extremo de los recursos (Giordani Dixit) y no hay precio del petróleo que aguante semejante despilfarro, ineficiencia y corrupción.


@jhernandezucv

lunes, 5 de agosto de 2013

INDUSTRIA AUTOMOTRIZ NACIONAL. OTRA MENTIRA DEL MINISTRO MENENDEZ



Este artículo tambien fué censurado por Aporrea.org


Me parece excelente la idea del presidente Chávez de estructurar un sistema industrial estatal en el sector automotriz. Este sector es tradicionalmente motor de desarrollo y proporciona la oportunidad de crear encadenamientos altamente positivos para el país, si se establecen políticas que incentiven y en muchos casos impongan la utilización de producción nacional. Hace unos años, la venta de carros nuevos en el país alcanzó casi 500.000 unidades y se demostró, una vez más, que este sector goza de una demanda extremadamente saludable y que las dificultades se encuentran en la generación de oferta nacional, puesto que ante un crecimiento de aproximadamente 350.000 en unidades vendidas, la producción (ensamblaje, mejor dicho) creció alrededor de 70.000 unidades. En cuanto a la incorporación de producción nacional, es una triste historia. Más triste aún es la desaparición de la exportación en el sector.
Sin embargo no nos llamemos a engaños, el sector automotriz “nacional”, que tantos beneficios brindan a sus trabajadores, no es ni de lejos lo que podamos llamar una “industria” en el sentido de los beneficios que su desarrollo brinda para el país. Que la propiedad sea casi enteramente trasnacional no debe sorprendernos, tampoco escandalizarnos. Lo que si debe preocuparnos es que este sector sea únicamente una “industria lego”, que se dedica fundamentalmente a importar todos los componentes del carro y armarlos, con poca o nula incorporación de valor agregado nacional más allá de la mano de obra en un proceso altamente mecanizado. El encadenamiento con el sector químico, plástico, autopartes, caucho, aluminio es fundamental si se pretende que este sector sea realmente un dinamizador de la actividad industrial interna. Es mi opinión personal que mas desarrollo industrial en el sector automotriz tiene un país aun cuando no ensamble carros, si este se dedica a la producción y exportación de por lo menos un rubro, digamos, motores, amortiguadores, filtros etc. En Cúa había una empresa llamada INFRA que sé que suministraba radiadores a la planta de General Motors en Brasil, no sé si aún existe, a empresas de este tipo habría que estimularlas.
Habiendo hecho estas consideraciones, hagamos un breve repaso de las medidas que tomó el presidente Chávez respecto a este tema y evaluemos sus resultados:
·         Se estableció la obligatoriedad por parte de las industrias básicas de Guayana, de suministrar acero y aluminio a los transformadores locales aun a costa de la exportación de estos rubros. De esta medida se beneficiarían los autopartistas.
·         Se establecieron las empresas Venirauto y Veniran Tractor producto del convenio con Irán.
·         Se estableció la fábrica de tractores Veneminsk y la fábrica de camiones Maz Ven producto del convenio con Bielorrusia.
·         Se estableció la fábrica de camiones Civetechi y varias ensambladoras de motos producto de los convenios con China.
·         Se estableció la ensambladora de vehículos Chery en asociación con capital privado local y amparado en el convenio de cooperación con China.
·         Se expropiaron las empresas Autoseat y Vivex productoras locales de asientos y vidrios, parabrisas etc.
·         Se expropió la empresa Rialca, fabricante y exportadora de rines de aluminio. Todo esto se hizo con el objetivo de “"CONSOLIDACIÓN DE LA CAPACIDAD INDUSTRIAL DEL SECTOR AUTOMOTRIZ DE AUTOPARTES PARA EL PUEBLO VENEZOLANO"
·         Se promulgó una “nueva política industrial automotriz” que planteaba la progresiva incorporación de componentes de origen nacional, la obligatoriedad de equipar con sistema autogas en un porcentaje creciente también de las unidades ensambladas localmente y la obligatoriedad de la incorporación de partes de motor de producción nacional. Todo esto con el objetivo de “estimular” a las empresas a producir localmente en un contexto de alta demanda, es decir el negocio sería bueno para ellos y para el país. ¿Qué ha pasado desde entonces?
No soy experto en el tema, así que todo lo que afirmo acá es producto de simple y llana observación, por ello no voy a entrar a elucubrar las razones por las cuales las ensambladoras asentadas en el país, sabiendo que pueden colocar cantidades relativamente grandes de producción en el mercado nacional, se nieguen o sean reticentes a invertir en el desarrollo de producción de autopartes, el acompañamiento al desarrollo de proveedores locales, “partners” que cumplan con sus criterios de calidad etc. No lo entiendo, algún libremercadista diría “crisis de confianza”, yo no lo sé, así que no opino.
En lo que si opino es que, habiendo establecido fabricas con capital estatal, en convenio con países “amigos” lo menos que cabría esperar es que los anhelados carritos chinos e iraníes en primer lugar, se consigan, en segundo, se consigan a un precio más o menos razonable, tercero, sean de buena calidad, y lo mejor de todo, vengan equipados por lo menos con cauchos de cualquier empresa ubicada en Venezuela, asientos de Autoseat (antigua Jhonson Control), baterías duncan, titan o cualquier otro fabricante local, rines de Rialca, y vidrios de Vivex. ¿Esto es así?, si alguno de Uds. ha tenido la dicha de recibir su carrito por Suvinca lo invito a que le de una revisión y me saquen de mi error: Nada de eso, ni los cauchos, ni las baterías ni los vidrios son suministrados por estas empresas que deberían integrar la cadena productiva automotriz estatal. Caben entonces las preguntas, esas empresas realmente están produciendo? Y si producen, a donde va a dar esa producción? Por lo menos están suministrándole al sector privado trasnacional ensamblador? No sería primera vez que la producción estatal es entregada a la empresa privada. ¿Los cientos de miles de motos que se ensamblan en nuestro país tienen algún componente nacional?
Tengo terribles dudas a este respecto. Por lo que he podido ver nada de lo que el ministro Menendez anuncia se cumple. Según él, todo el sector no petrolero está produciendo de mil amores. En cada cadena, cada pase televisado anuncia siempre lo mismo, y al final de cada año las memorias y cuentas de las empresas demuestran lo que la gente claramente percibe en la calle: muy poco o nada se ha logrado, y en el caso del sector automotriz esto es ridículamente obvio
Se quiere lograr el desarrollo de la economía no petrolera pero con un aparente asco de las empresa privadas, así que se castiga el ensamblaje local; sin embargo, salimos a comprar carros en países amigos: sólo este año si no me equivoco, en la gira Latinoamericana del presidente Maduro, se comprometió la compra de 10 mil unidades en Argentina y 12.500 en Ecuador. Resulta ahora que la Mercedes Benz, Citroen, Volkswagen, Kia y Fiat son empresas socialistas en esos países. ¿Alguien sabe cuántas camionetas y carros Toyota se importaron hace un par de años para dotar a la recién creada (para la época) Policía Nacional?. ¿Que no se pueden gastar las reservas internacionales comprando carros? Estamos de acuerdo pero ¿y con que se pagan los que importamos ensamblados de China y otros países amigos? Lo que molesta es la mentira, la propaganda que quiere hacer ver que todo está bien cuando evidentemente no es así.
En el absurdo caso de Rialca, una empresa transformadora de aluminio, que hace varios años incluso exportaba rines, fue expropiada por el gobierno del presidente Chávez para ser entregada a los trabajadores, hoy en día está reducida a ser un intermediador de aluminio escasamente procesado, que el año pasado sólo produjo 5% de los rines planificados, cuya directiva está fuertemente cuestionada por sus trabajadores y que sin embargo, se nos vende como una empresa modelo porque dispone de un PDVAL y una universidad de trabajadores, pero sin estudiantes.
Espero estar equivocado, ojalá que los carros que revisé sean la excepción y que de verdad se esté impulsando la producción nacional y la consolidación de la cadena productiva, por el bien de todos. Siempre será mejor tener empresas privadas abiertas y produciendo que importaciones socialistas.

Econ. Javier Hernandez
@jhernandezucv




lunes, 8 de julio de 2013

EL CANCER DE LA CORRUPCION EN ETAPA DE METASTASIS



Este artículo fue publicado en el portal aporrea.org el 26/06/2013

EL CANCER DE LA CORRUPCION EN ETAPA DE METASTASIS

Si no se hace nada por la corrupción, se acusa al gobierno de ser cómplice.
Si se captura a algún funcionario, se dice que es un robagallinas, que hay que buscar a los pesados.
Si se acusa a algún pesado, salen a defenderlo automáticamente. Si el pesado es Chavista, lo reciben con los brazos (y las piernas) abiertos/as. Recordemos los casos de Didalco y Ramón Martínez. Lo más triste es que si estos quieren regresar, el chavismo los recibe del mismo modo, echándole tierrita a las antiguas acusaciones.
Si acuso y no me paran bolas, me voy del partido. En el caso de William Ojeda, readoptado por el Chavismo, el caso es absurdo ya que le nombraron a su enemigo, JVR Avalos como viceministro, na pelusa.
El ser corrupto o no, depende del monto robado, véase el caso de Richard Mardo y la defensa automática que de él se hace.
El caso de Consuelo Cerrada es característico de cómo se mueven las cosas en el gobierno: funcionarios que llegan a las instituciones, asumamos que con ciertas credenciales y ciertas competencias. Ascienden y reciben responsabilidades con discursito radical, mientras más altisonante mejor, mientras más “revolucionario”, más “desplegado”, más “rodilla en tierra”, más “comandante eterno” y más de otros cientos de lugares comunes de estos tiempos, mayor es la probabilidad de salir en cámara. Cuando los llaman a capítulo, bien sea por corrupción en los contados casos en que ocurre o simplemente por ineptitud o cambio de fichas, se les sale el adeco, esa condición de yo no fui, no es mi culpa, no lo sabía, los banqueros me engañaron.
El drama de la corrupción en Venezuela no es que los ministros, directores, alcaldes y otros se enriquezcan con el patrimonio público. Al fin y al cabo, ellos son pocos y el caso de Vinicio Carrera o José Ángel Ciliberto permanecen aun en la memoria colectiva. El caso es que, durante la revolución muchas cosas se democratizaron, la educación, la salud y por supuesto, la corrupción. Mientras más se ha esmerado el estado por regular y controlar asuntos, en la misma medida, la bien documentada viveza criolla ha encontrado las mil y una formas de montar alcabalas, trabas y toda suerte de artificios para hacerle la vida difícil al ciudadano, pero ofreciendo soluciones - ellos mismos claro está - para solventar los enredos que ellos mismos causan a cambio de contribuciones solidarias.
Antes eran Vinicio Carrera, Andrés Caldera o Blanca Ibáñez, hoy desde el portero de cualquier edificio, secretarias, funcionarios rasos, vigilantes, fiscales, policías y de allí hacia arriba practican a la vista de todos, la actividad económica de mayor crecimiento en los últimos años: la matraca. ¿Quién es el venezolano que no ha sido afectado por esta conducta? ¿Quién no tiene un familiar que ha tenido que “lanzarle algo” a alguien para que aparezca una carpeta?
Recuerdo que hace unos años, los muchachos encargados de repartir los bombillos ahorradores, pasaban por las casas, entregaban unos y vendían otros tantos, eso sí, mucho más baratos que la ferretería. Lo peor de todo?, la gente se los compraba. Hasta los soldados de la reserva vendían los bombillos, imagínense un soldado enemigo frente a ellos: le venden el fusil por cuatro reales y como ñapa delata la posición de sus compañeros. Hubo que mandar a los muchachos cubanos a entregar los bombillos para que se cumplieran los objetivos
Que la corrupción también existe en el sector privado? Ese argumento es tan cierto como inútil. Por supuesto que existe, de hecho el sector privado se alimenta de los contratos del estado, y los funcionarios de este, se alimentan de las coimas, sobornos y regalos de todo tipo por parte de los empresarios. El problema es que la corrupción en el sector privado, siempre que no involucre al estado, tiene un impacto más acotado: accionistas, empleados, gerentes, proveedores y clientes. Seguramente a alguien le duele y terminan reventando el caso y como mínimo, despedidos quedan quienes son encontrados en tales actividades. También es necesario decir que el sector privado está sujeto a supervisión y control estatal, independientemente del sector y tamaño de la empresa: no es posible la existencia de grandes empresas que contaminen sin la complicidad del ministerio del ambiente y la alcaldía, no es posible que existan líneas aéreas que incumplan con el servicio sin la cabronería del INAC, canales de televisión cloacas como RCTV sin la anuencia de CONATEL, empresas cableras que rompen las calles y las dejan dañadas sin la “indiferencia” de las alcaldías, casas de bolsa traficando dólares sin la incapacidad cómplice de la antigua CNV; la lista es infinita
Los Venezolanos estamos acostumbrados a la corrupción, asumámoslo sin vergüenza. Claro está si nos la ponen difícil entramos por el carril, así que es eso exactamente lo que tiene que hacerse, meter por el carril, una institución a la vez como se hizo con el SAIME y comenzó a hacerse con el INTTT. Eliminar la discrecionalidad de los funcionarios, publicar en las páginas web los requisitos, horarios y lapsos para la obtención de las respuestas a los incontables tramites que todos tenemos que hacer, establecer el mecanismo de citas, administrar las colas hasta eliminarlas. Comencemos desde abajo, minimizando la necesidad del ciudadano de dejarse matraquear. Los contratos del estado, la buena pro otorgada a las contratistas, las memorias descriptivas, los montos pagados y las evaluaciones hechas, todo eso puedo subirse a internet y facilitar la contraloría social sobre los dineros del estado. Los recursos y la tecnología existen, falta la voluntad de muchos y la autoridad de algunos para imponer esto como regla de gestión.

Econ. Javier Hernandez
@jhernandezucv

viernes, 7 de junio de 2013

SOCIALISMO DE LIBRITO



SOCIALISMO DE LIBRITO


                Tuve la oportunidad de conocer un grupo de profesionales, cursantes del Curso Avanzado para Gerentes Sociales (CAGES) de la Fundación Escuela de Gerencia Social, un esfuerzo loable, que busca forjar en los servidores públicos un pensamiento acorde con el Plan de la Patria 2013-2019. Este grupo, conformado por funcionarios de empresas públicas del sector financiero principalmente, visitaron una fábrica estatal – probablemente la única que produce, es rentable, y cumple con todos sus compromisos laborales al día – para conocer su experiencia para luego elaborar un proyecto relacionado con la economía socialista.

                Al conversar con ellos, sus preguntas estaban referidas al rol de los trabajadores en la toma de decisiones en la conducción de la empresa, a la organización de los trabajadores, a la periodicidad con que se revisa el plan estratégico de la empresa entre otros aspectos que caracterizan – supongo yo- a la organización de las empresas socialistas.

                Por no comprometer a la empresa con mis opiniones personales, no quise decirles lo que aquí expreso: esas prácticas: consejos de trabajadores, participación de trabajadores en la dirección entre otras; lamentablemente se constituyen en amenazas a la sostenibilidad de la empresa. Es prácticamente indiscutible que en nuestro país no existe suficiente conciencia en la clase trabajadora para entregarles la responsabilidad de dirigir una unidad de producción, mucho menos en su etapa de arranque, que es cuando más dificultades se enfrentan. Nuestra experiencia ha sido de trabajadores que faltan, llegan tarde, no cumplen sus obligaciones, se van volando a la hora de la salida como Pedro Picapiedra, que no mueven un dedo si no hay un bono, hora extra o alguna recompensa de por medio. Afortunadamente no son todos. Infortunadamente han sido la mayoría.

                Veamos un repaso de la experiencia reciente: ¿En qué situación se encuentran hoy las iniciativas de cooperativas, cogestión, control obrero? todas fallidas. Y las empresas nuevas, expropiadas, endógenas, de propiedad social, nacionalizadas, recuperadas, en casi cualquier  en sector, como se encuentran hoy? Pretender absolver de responsabilidades a la clase trabajadora es un ejercicio absurdo de demagogia o de candidez. Me refiero no sólo al lamentable papel de los sindicatos, que al estado se enfrentan con una ferocidad incomparable a la que mostraban los mismos representantes frente a sus antiguos patronos privados. Me refiero también al trabajador individualizado, aquel del que todos conocemos al menos uno, el vecino, el compañero de clase, el conocido que sin pudor nos cuenta cómo funcionan las cosas en las empresas del estado. Incluso empresas como CANTV y CORPOELEC son hoy víctimas de esa triste realidad, en el caso de CANTV sepultada bajo montañas de bolívares.

                No se puede confiar la producción de bienes y servicios y la satisfacción de las necesidades de la sociedad sólo al sector privado, eso lo sabemos. Como garantizar entonces producción nacional, desarrollo de capacidades productivas y la orientación de la economía venezolana hacia los planes de desarrollo sin la irracionalidad del capital privado? Sólo con empresas estatales. Es ese el último estadio de desarrollo de las fuerzas productivas? Obviamente no, pero no creo que podamos saltarnos esa etapa, un periodo de 10-15 años de fortalecimiento y expansión de la producción estatal – eficiente y de calidad, sin subsidios irracionales, gerenciando, compitiendo con el sector privado. De allí, el paso al empoderamiento progresivo de la sociedad el camino es natural.

                De que se va a apropiar el trabajador en estos momentos? De empresas quebradas, dependientes en tecnología, insumos y mercados del sector privado y en el mejor de los casos, de una PDVSA o un estado que les compre con precios y condiciones preferenciales. De vicios y corruptelas de todo tipo. Es sólo cuestión de meses para que los mismos trabajadores que aplauden la nacionalización, lloren por el reconocimiento de sus derechos, no ya como propietarios de la empresa, sino otra vez como empleados (caso INVEPAL).

                Casi todos estamos de acuerdo en que en nuestro país nunca existió una verdadera burguesía empresarial. Del mismo modo, no veo la existencia de una clase trabajadora consciente, preparada para el tamaño de los retos que se plantean. Lo que ha existido en Venezuela ha sido un mecanismo de reparto, entre diferentes grupos, del lomito y el pellejo de una riqueza que, de paso no es creada por el trabajo sino que es consecuencia de la gracia de dios, que nos dotó de todas estos recursos que cada día más demostramos no merecer.

                Otra pregunta que hacía uno de los asistentes fue ¿tienen previsto transformar esta empresa pública (eficiente, rentable, integrada orgánicamente en la comunidad) en una empresa socialista? No supe que responder, creo que eso es socialismo de librito.



Econ. Javier Hernandez


@jhernandezucv

viernes, 31 de mayo de 2013

LA HIPOCRESIA OBRERISTA Y LA VISION DE MADURO




            Las profundas distorsiones de la economía Venezolana, algunas condiciones estructurales y muchas, pero muchísimas políticas económicas erradas, han producido en nuestro aparato productivo y en nuestro mercado interno, una serie de características peculiares que trataré de describir a continuación:
Somos un país de consumo, no de producción: La disponibilidad de relativamente abundantes recursos provenientes de la explotación petrolera, permitieron a los diferentes gobiernos de la cuarta república, promover una política de bienestar no vinculado a la producción, en la cual sectores populares recibían desde servicios básicos gratuitos hasta potes de leche y láminas de zinc para arreglar sus ranchos y los sectores pudientes y los mejor relacionados, recibían créditos blandos, condonación de deudas, contratos inflados, protección arancelaria para sus negocios, dólares RECADI entre otras perlitas cuarto republicanas, fielmente reproducidas en la quinta república.
Somos importadores de casi todo: menos de ahorros,  de talento y de turistas. La documentada propensión de nuestra moneda a revaluarse implicaría la necesidad de implantar medidas que favorecieran la competitividad de la producción interna. Esas medidas o no han existido, o han sido insuficientes, depende del sector que se evalúe. Por otra parte, por razones económicas y en alguna medida sociológicas, el venezolano tiende a tener cada bolívar que la sobre en forma de dólares o bienes de consumo. La moda, no solo de ropa sino de cualquier cosa que pueda exhibirse, desde joyas y tecnología hasta el pasaporte sellado, han producido que casi cualquier mortal que haya querido, haya viajado aunque sea a Panamá, nuevo ombligo del mundo para nuestros turistas raspacupos.
No somos un país obrero: quisiera decir que lo somos pero no. La preponderancia del sector terciario en nuestra economía, la condición parasitaria de la burguesía criolla y la incapacidad del estado para impulsar el desarrollo rural hacen de nuestro país, un campo minado de peluquerías, talleres mecánicos, venta de motos, agencias bancarias, tiendas de ropa, agencias de lotería y más recientemente, de spas, estéticas y franquicias de comida rápida.
¡Que difícil es encontrar una tornería!, una fábrica de bombillos, de neveras. Es fácil culpar a los burgueses de preferir importar, lo cual es cierto, pero también es cierto que, si a alguien se le ocurre instalar una planta, amparado digamos en algún crédito del Fondo Bicentenario, si algún empresario de un país amigo quisiera aprovechar el gigantesco mercado Venezolano para producir internamente seguramente no va a encontrar suficiente personal calificado en estos oficios. Es más fácil encontrar ingenieros manejando taxis que costureras, técnicos electricistas o torneros. Producimos miles y miles de bachilleres en ciencias y humanidades, licenciados y técnicos que con algo de suerte trabajaran en algún centro comercial y restaurantes de comida rápida los primeros, y de secretarias, asistentes, recepcionistas y analistas los otros.
¿A qué se debe tan Venezolano fenómeno? A que, dadas las características antes descritas, las leyes del mercado hacen su aparición una vez más: el precio relativo (en este caso del talento obrero) depende de su escasez relativa. Un obrero en Venezuela cobra sobradamente mucho más que un empleado ó un profesional. No tengo soporte estadístico para esta afirmación, simple observación: Un obrero en una empresa transnacional ensambladora de autos, fabricante de cauchos, productora de pinturas, helados o cualquier otra en el sector privado, (al menos en las más grandes) gana muchísimo más de un salario mínimo. Son de hecho unos privilegiados, no solo al compararlos con otros obreros en empresas más pequeñas que evidentemente no tienen condiciones similares, sino que al compararles con cualquier profesional, licenciado, ingeniero o técnico laborando en otra empresa, incluso dentro la misma empresa, los beneficios que reciben son muy superiores, adicionales a su ya generoso salario: planes vacacionales, seguros de salud, cupo para compra de carros, cajas de ahorro, bonos vacacionales, paquetes turísticos entre otros muchos. Al parecer lo mismo ocurría en la época industrial de los EEUU cuando surgieron los “blue collar” obreros bien remunerados que formaron la hoy mermada clase media norteamericana.
Si vemos el caso de los empleados públicos, el caso no es diferente: los obreros de las universidades y del ministerio de educación, por solo poner un ejemplo reciben muchísimo mas que los profesores de esas instituciones. Un electricista o mecánico en Corpoelec  puede comprarse un carro de contado con lo que recibe de aguinaldos (me consta), mientras que sus supervisores, Ingenieros y profesionales de todo tipo responsables de la continuidad del servicio, escasamente reciben tres  salarios mínimos. Gozan de una protección total muchas veces proporcional a su desapego por el trabajo y su falta de compromiso.
En resumen, nuestros obreros no son los pobrecitos desasistidos que se describen en los textos Marxistas venidos de una Europa que si conoció la explotación del trabajo. Aun cuando hay casos de casos, no creo que la mayoría de nuestros obreros se parezcan tampoco a nuestros hermanos Latinoamericanos semiesclavizados en el trabajo rural o en el urbano de un país no petrolero. Creo más bien que deberíamos generar condiciones para que nuestros “obreros de clase alta” den paso a la masificación de sus logros, aun a costa de ceder un poco en sus aspiraciones pequeñoburguesas. Es una realidad que estos obreros se identifican mas con sus propios patronos que con sus compañeros de clase social, menos aventajados en términos de su remuneración en términos materiales.
En conclusión, no es el obrero quien esta en la base de nuestra pirámide social. Todos somos trabajadores, hay que gobernar para todos.

Economista Javier Hernandez
@jhernandezucv