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lunes, 2 de mayo de 2016

El salario mínimo en dólares. Otra vez






Nuevamente el presidente Maduro ha decretado un incremento nominal en el salario mínimo para llevarlo a Bs. 15.051,17 mensual, además de un ajuste en el bono de alimentación para llevarlo a Bs. 18.585, con lo cual el ingreso mínimo legal del trabajador venezolano se sitúa en Bs. 33.636,17. En lo que va de año el IML se ha incrementado en 105% y, aunque el gobierno nacional procure posicionar esta política salarial en la narrativa de la justicia social y las bondades del proyecto político en el poder, la realidad es que evidencia la gravedad de la situación económica y social de la población venezolana.

Para los no venezolanos les aclaro: el bono de alimentación es un pago complementario al salario, de carácter no prestacional; es decir, no imputa para prestaciones sociales, utilidades, vacaciones, así como para las contribuciones a la seguridad social. Con el último ajuste, este complemento equivale a 123% del salario, y un 55% del ingreso bruto mensual de los trabajadores que devengan salario mínimo, aun cuando este beneficio es extensible a otras escalas salariales y ahora, a los pensionados y jubilados.

Aun cuando no se sabe cuál es el registro oficial de inflación para los primeros cuatro meses del año, las estimaciones más conservadoras sitúan en no menos de 70% de inflación acumulada en este primer cuatrimestre. Si se evalúa el crecimiento en el precio de los alimentos, este indicador podría superar un 200% en ciertos rubros en el mismo lapso, por no mencionar otros rubros menos básicos pero que tienen fuerte impacto en la cadena productiva como es el caso de los repuestos industriales y automotrices, el material de empaque entre otros. Desafiando el conocimiento económico acumulado durante décadas que postula una relación positiva entre crecimiento económico e inflación, la pre hiperinflación (según el concepto  de Cagan) venezolana ocurre en un año en el que la contracción de la economía alcanzará casi con certeza, los dos dígitos. Una tragedia.

A falta de cifras oficiales, que dejaron de publicarse en 2014, tomemos como válido el valor referencial publicado periódicamente por el CENDAS para la canasta alimentaria en Venezuela, que se ubicó al mes de marzo de 2016 en Bs. 142.853,20. Es decir, se necesitarían más de cuatro adultos devengando ingreso mínimo legal para poder alimentar –sólo alimentar- a una familia tipo de cinco miembros.

¿Y cuánto es eso en dólares?

Vuelve también el debate de las equivalencias del ingreso mínimo legal del venezolano expresado en dólares, como una referencia del poder de compra que dicho ingreso puede proveer para la adquisición de una canasta mínima de bienes.

Para llevar el salario mínimo de Venezuela a dólares, entramos en el debate del tipo de cambio que habría que utilizar para ese cálculo. Dado que en el país existen dos tipos de cambio oficiales y uno no oficial que tiene un gran poder en la fijación de precios en la economía; habría que realizar una ponderación del tipo de cambio aplicada en la canasta de consumo típica.

Pero eso no lo voy a hacer esta vez. Dado que desde el aparato propagandístico gubernamental y sus simpatizantes espontáneos se bombardean estos argumentos, esta vez voy a probar aproximarme a la cobertura del salario mínimo, apegándome al discurso oficial en el cual el estado venezolano garantiza a los trabajadores la mayor suma de felicidad posible.

De acuerdo con el discurso oficial, el salario mínimo en Venezuela es, desde hace varios años, uno de los más altos de América Latina cuando se expresaba en dólares, debido que el gobierno calculaba el ingreso nominal, constantemente creciente por los ajustes decretados por el ejecutivo nacional, y lo dividía entre un tipo de cambio oficial sobrevaluado, único e indiscutible, en oposición al cambio guarimbero, inexistente, innombrable, el Voldemore que causaba distorsiones especulativas pero poco significativas en términos de su impacto en la formación de los precios. Prueba irrefutable de ello era la existencia de ferias, mercales, pdvales y bicentenarios donde se podía comprar a precio justo los bienes necesarios, materializando así un enorme poder de compra del salario.

Sobre el colapso del sistema de distribución estatal hay múltiples evidencias. La minimización de las redes PDVAL y Mercal, el cierre de algunos supermercados bicentenario, las captahuellas, el terminal de la cédula, la escasez, el bachaqueo y las interminables colas son expresiones de que finalmente se ha impuesto la anarquía sobre las pretensiones estatales de controlar la circulación de mercancías y la formación de precios.

Aun así, el gobierno decidió mantener en Bs. 10 el tipo de cambio “protegido” un valor absurdo desde cualquier racionalidad económica, que representa más del 90% de los dólares liquidados en la actualidad y que se ha justificado como un mecanismo que permite abaratar las importaciones -y por tanto trasladar al pueblo el beneficio vía precios- de bienes esenciales como alimentos y medicinas.
Aferrémonos a esa ficción, esa fantasía idílica promovida por el gobierno nacional de que ese es el tipo de cambio que rige la economía, al menos en lo que a alimentos se refiere. En ese caso, el nuevo ingreso mínimo legal en el país sería de 3.363,6 dólares americanos. Toda una maravilla que haría palidecer de envidia a cualquier ciudadano latinoamericano, que estarían haciendo maromas para venirse a vivir a esta tierra de gracia donde haciendo lo que sea, vivirían mejor que en su país de origen. Justo lo que hacen los venezolanos en este momento.

Asumamos que ese es el tipo de cambio correcto y no el TC “no protegido” ó SIMADI / DICOM que situaría el IML alrededor de los 90USD mensuales, el cual ya sería bastante bajo comparado con otros países de Latinoamérica.

Si la tasa que rige el ingreso es la protegida de Bs. 10/USD, entonces es la misma que nos permite calcular el precio en USD de algunos alimentos. Algunos casos emblemáticos podrían ser:
1Kg Carne de primera: Bs. 3.000 = 300 USD
1Kg de Pollo entero: Bs. 1.600 =160 USD
1 Docena de huevos: Bs. 900 =90 USD
1 Pan canilla: Bs. 250 = 25USD
1 Kg Café (el único que se consigue)= Bs. 2800 =280USD.
1Kg de queso duro: Bs. 3200= 320USD

No hay manera de disfrazar la situación: en Venezuela es imposible que una familia de 5 integrantes (dos adultos trabajando) pueda sobrevivir con el ingreso mínimo legal. La familia venezolana está pasando hambre, los adultos dejan de comer para alimentar a los niños. La ingesta de alimentos es poco balanceada y reposa fundamentalmente en harinas y pastas, al tiempo que las proteínas animales se reducen o transmutan en embutidos de dudosa calidad y las frutas desaparecen de la dieta del venezolano. Hoy se incuban los problemas de salud de mañana en un país donde adicionalmente, no se consiguen medicinas.

Los aumentos de salario sin sostenibilidad fiscal conducen a mayor monetización del déficit y nos lleva por la vía expresa a la hiperinflación. La caída de las ventas producto de la brutal contracción económica, y la imposibilidad de muchas empresas de trasladar los nuevos costos a los precios, podría conducir a un incremento significativo del desempleo. Por donde se vea, esta manera de manejar la política salarial es altamente inefectiva y no compra nada, ni siquiera tiempo.

Urge una política anti inflacionaria sensata, que evite que se continúe pulverizando el poder de compra del salario y destruyéndose los incentivos al estudio y al trabajo como medio de superación futura. La sostenibilidad fiscal de los aumentos salariales puede lograrse si se desmontan los perversos mecanismos de subsidio que no llegan a las personas que más lo necesitan sino que se constituyen en incentivos para los negociados de aquellos que tienen posibilidad de conectarse con quienes reparten la piñata de los dólares, los alimentos, la gasolina entre otros. En cuanto al sector privado, urge permitirles ajustar precios en función de sus estructuras de costos y no en función de las limitadas capacidades de fiscalización de la burocracia estatal que se aferra a la fantasía del dólar barato y los precios justos que, junto a la sayona y el silbón pasaron a formar parte de los mitos y leyendas venezolanas.


@jhernandezucv

martes, 23 de febrero de 2016

Nicolás tomátelo con calma. La vaina no está tan grave






Una empresa estatal expropiada está en ruinas, produciendo apenas una mínima fracción de su capacidad instalada y de sus registros históricos cuando era manejada por privados. Su nómina se ha triplicado desde la nacionalización. Sus pérdidas financieras recurrentes están siendo cubiertas por créditos adicionales desde hace varios años. Sus necesidades de flujo de caja se han estado cubriendo con recurrentes préstamos por parte de la banca estatal y hasta con unos pagarés varias veces renovados por el Banco Central de Venezuela.

Otra empresa estatal se dirige al mismo escenario. Esta es relativamente nueva. Fue creada por el estado como tantos otros proyectos industriales con la visión de apoyar la diversificación de la economía. Entre gerentes corruptos, pequeñas élites que se enquistaron en la dirección de la empresa con la bendición del exministro, y el populismo que caracteriza al gobierno, se reclutó sin criterio de eficiencia a un personal que hoy en día se ha convertido en el principal enemigo de la empresa: en nombre de un socialismo mal entendido, pretenden remuneraciones y beneficios no relacionados con la productividad de la empresa. De lo contrario paralizan la empresa y convocan al coco que aterroriza a los gerentes mediocres que hoy dirigen el aparato estatal: los medios de comunicación.

Una empresa privada anunció su cierre definitivo para el 15 de marzo luego de cuatro meses sin producción. 24 trabajadores se van  su casa a ver como resuelven.

Termina el mes de febrero y las obras del Metro de Guarenas no se han iniciado en 2016 a pesar de que el presidente prometió hace sólo tres meses –ya el petróleo había bajado - que “como sea” este año si estaría lista la obra, que por cierto, debió estar lista en 2012, esa época lejana en la que el petróleo superaba los 100 dólares el barril. Son 120 obreros y sus familias, principalmente residentes en la Región de Barlovento, que este año no han visto a linda.

Un profesional universitario, empleado de una empresa privada se ve obligado a trabajar los fines de semana en un taller mecánico para completar su salario. Su esposa, ama de casa que se “rebuscaba” con sus habilidades como repostera, dejó de colaborar económicamente con el hogar ante la desaparición de los bienes básicos necesarios para su trabajo: huevos, leche, harina de trigo, azúcar.

Una familia dejó de pagar el colegio hace dos meses. Igualmente el condominio. Este mes no podrán pagar la tarjeta de crédito y por los vientos que soplan, los próximos meses serán de esconderse de los acreedores. Como la situación es generalizada, sufre el condominio y la calidad de vida de los residentes del edificio, aumenta la morosidad de la banca, el colegio se descapitaliza y retrasa el pago a los maestros… en fin, la catástrofe.

Un taxista -sustento de su hogar- acaba de colgar los guantes. La última “chiva” (caucho usado) que compró en diciembre en Bs. 15.000 llegó a su fin. Después de cambiar la batería que le robaron y una reparación menor al tren delantero por un hueco en el que cayó, se descapitalizó. Luego de empeñar ante un agiotista al 15% mensual algo de oro de la esposa –anillo de bodas y cadena de bautizo del hijo- finalmente su fuente de ingreso pasa a remate para pagar sus deudas y lograr sobrevivir. La depresión por supuesto, inunda las relaciones familiares y su hijo adolescente, percibe que no vale la pena seguir estudiando, y que de cualquier manera, debe ayudar a su viejo.

Una pareja de pensionados comenzó a suprimir una comida al día. Luego de eliminar hace varias semanas las frutas y el pescado de su dieta, de enfocarse en medio alimentar a sus nietos con harinas y pastas, la única manera de estirar “el salao” es que los adultos dejen de comer una vez al día. En lugar de cuatro horas de cola al día –el límite de sus energías- procurará el milagro de duplicar el tiempo en el peregrinaje por los supermercados para ver si así pueden estirar el salario de su hija soltera, que es el otro ingreso de la familia. En cuanto a las medicinas, bueno, este mes no se tomarán las pastillas para la tensión.

Nicolás mientras tanto, ha dedicado en el último mes unas 40 horas de su tiempo a hablar por televisión. Un consejo de economía productiva, una Corporación Nacional Productiva, un Ministerio de Economía Productiva, un Decreto de Emergencia Económica, un complot del imperio, el centenario de algún prócer de la historia, en fin… en su mundo.

Un apagón daña la nevera…

@jhernandezucv 


miércoles, 16 de septiembre de 2015

¿Cuanto es el salario mínimo en Venezuela en dólares?

El objetivo de tener una legislación que establezca un salario mínimo, es garantizar que todos los trabajadores reciban al menos, una remuneración de “nivel de subsistencia” -en términos de economía política clásica- que le permita cubrir una canasta mínima de consumo. En Venezuela, desde hace mucho tiempo, el salario mínimo es uno de los pivotes más importantes de la política social del estado Venezolano. De manera casi religiosa salvo contadas excepciones, en mayo de cada año, se actualiza el valor del salario mínimo con la intención de mantener en alguna medida, el poder de compra del salario. Esta situación es asumida por los trabajadores como un derecho y los demás agentes económicos lo descuentan en sus decisiones de precios, inversión y costos.

Con las reformas enmarcadas en el programa “Agenda Venezuela” a mediado de los 90’s se estableció en la Ley del Trabajo, el mecanismo tripartito entre empresarios, gobierno y sindicatos para la discusión y eventual establecimiento de los valores del salario mínimo de ley. Durante el gobierno del presidente Chávez, se abandonó el esquema de la “trimaldita” y el presidente de la República fijaba unilateralmente el monto del salario mínimo. Algunos recordarán cuando el presidente Chávez sorprendió al general Usón, para la fecha ministro de finanzas, con la magnitud del ajuste del salario mínimo. Ni su ministro de finanzas conocía la magnitud del aumento.

Durante la gestión del presidente Maduro y en el marco de la continuación de la desacertada política económica de su predecesor, el salario mínimo continúa siendo el mecanismo principal en la política social del gobierno venezolano. En medio del feroz proceso inflacionario que se vive en el país, se han promulgado ya varios ajustes en el valor nominal del salario mínimo, que se vuelven sal y agua por efectos de la inflación. El divorcio entre la productividad y el salario nominal se hace evidente ante cada decisión al respecto.

¿Y en dólares?

Como parte del desbarajuste económico que se vive en el país donde no existe un tipo de cambio de referencia, es común que por una parte, las autoridades utilicen la tasa más baja para asegurar con fines proselitistas que “los venezolanos tienen el salario mínimo más alto de Latinoamérica” o que por otra parte, a cada hito que alcanza el dólar paralelo, las redes sociales se llenen de afirmaciones de venezolanos deprimidos y políticos opositores que aseguran que el salario mínimo en el país es inferior al de Burkina Faso.

Ambos extremos, como en casi todos los aspectos, están una vez más, equivocados. La cesta de consumo típica del venezolano se compone de rubros con diferentes niveles de componente importado y aun cuando el valor del dólar se haya establecido como referente para todas las transacciones, las variaciones en el tipo de cambio no se reflejan 1 a 1 en los precios internos, aunque el Prof. Steve Hanke ha postulado semejante relación entre las variaciones del tipo de cambio y los registros de inflación. Demasiado lineal.

La gente de Ecoanalítica, firma venezolana de reconocida seriedad ha estimado que a agosto del presente año, la tasa de cambio promedio que enfrenta el consumidor Venezolano se ubica en Bs. 178 por dólar, lo que dejaría el salario mínimo del venezolano en 41,73$ mensual. Razonable.

Diferencias en las cestas de consumo

Pero no todos los venezolanos ganan salario mínimo y por supuesto, no tienen las mismas preferencias de consumo. Mientras más elevado es el estrato social, tanto mayor debe corresponderse la tasa de cambio promedio de ese consumidor, en la medida que incorpora entre sus preferencias, rubros que se encuentran fuera de las políticas de regulación oficial o en cualquier caso, fuera de las tasas de cambio oficiales.

Una pequeña muestra

Para validar cual es la tasa de cambio que enfrenta el consumidor venezolano en una cesta de consumo, se tomaron unos pocos rubros homogéneos, con la finalidad de comparar su precio interno con los precios de otros países latinoamericanos cuyo nivel de ingreso se asemeja a de Venezuela: Colombia, Argentina, México y Chile.

Se seleccionó un conjunto de 14 rubros, básicos, perfectamente comparables entre si y se hallaron sus precios de venta en un automercado de la ciudad de Guatire en Venezuela, así como precios de productos equivalentes o sustitutos muy cercanos en supermercados representativos de los países de la muestra.

Para los precios en Colombia se consultó la página web de la cadena ÉXITO mientras que para Chile, México y Argentina se obtuvieron los precios de la página de la cadena WALMART en cada uno de esos países.

En la medida de lo posible, se obtuvo la misma presentación de los productos. Cuando no fue posible obtenerla, se unificó la unidad de medida en el cálculo del precio. Existen consideraciones de precio, calidad y preferencia del consumidor que deben ser consideradas al hacer análisis más rigurosos de las cestas comparadas. Otro elemento a considerar es el de las diferentes tasas de impuesto al valor agregado que se aplican sobre los precios exhibidos en internet.

Por otra parte, se tomaron los tipos de cambio vigentes para los países referidos a través de la página web http://es.exchange-rates.org/converter/COP/USD/1 obteniendo que:

·         Peso Argentino (ARS): 9,3580/USD
·         Peso Colombiano (COP): 3.029,98/USD
·         Peso Mexicano (MXN): 16,5828/USD
·         Peso Chileno: (CLP): 680,34/USD

Metodología:

Para cada rubro, se utilizó el precio de venta disponible en la página web del establecimiento seleccionado y se calculó su precio equivalente en dólares estadounidenses usando las tasas de cambio señaladas. Con los precios obtenidos en cada país expresados en USD se formó un promedio simple. Ese promedio se utilizó como denominador para convertir los precios encontrados en Venezuela, en el tipo de cambio que los iguala con el precio promedio de los países de la muestra, expresados en dólares estadounidenses.


Resultados:


Lo primero que llama la atención es el encarecimiento relativo de los precios en Argentina respecto a los precios en Colombia, cuando se denominan en dólares estadounidenses. Esto obedece claramente a las presiones devaluacionistas que ha sufrido el peso colombiano en meses recientes debido a la caída del precio del petróleo y por otra parte, a la tendencia a la apreciación que sufre la cotización oficial del peso argentino. Si se utilizara la cotización del llamado dólar blue que para el 14/09/15 se ubicaba en 15,55 ARS/USD según http://www.lanacion.com.ar/dolar-hoy-t1369, los precios en la nación austral serían más bajos que en el vecino país. 




Este pequeño ejercicio confirma lo que es bien sabido por la mayor parte de la población del país y lo que la gran mayoría de los economistas señalan desde hace mucho tiempo como factor central en los desastrosos resultados económicos que exhibe la gestión del presidente Maduro y desde los últimos años de la administración Chávez: el congelamiento del tipo de cambio no produce el efecto deseado en la dinámica de los precios internos y por el contrario da pie a cientos de desequilibrios económicos que al final del día se traducen en inflación y escasez. Al respecto puede leerse El Dólar CENCOEX nos está matando.

Las devaluaciones del tipo de cambio tal como han sido realizadas en la era Maduro, mediante el lanzamiento del SICAD II y SIMADI han tenido poco o ningún efecto en la normalización de la economía. Han sido mecanismos pobremente diseñados y peor ejecutados. Han tenido costos sociales pero casi nada de beneficios económicos.

Cada rubro enfrenta en el mercado una tasa de cambio sobre la cual valora sus transacciones. La canasta de consumo de cada familia es diferente y está compuesta de rubros que van desde los no esenciales y no subsidiados como repuestos para vehículos que están marcados por la tasa de cambio paralela, hasta medicinas tasadas a dólar CENCOEX pasando por un conjunto de servicios subsidiados en bolívares como la electricidad, el agua potable, además de algunos servicios sociales gratuitos. En promedio, en la cesta de bienes y servicios que se detalló anteriormente, el venezolano enfrenta un tipo de cambio promedio de Bs. 89,94/USD, lo cual dejaría el salario mínimo en USD 82,52.

SALARIO MÍNIMO EN PAÍSES DE AMÉRICA LATINA



Con este valor del ingreso en USD, Venezuela se encuentra a la zaga de los países de Latinoamérica tanto en el salario nominal en USD como en la cobertura que ese salario representa respecto a una cesta básica de consumo familiar. Aun cuando existen diferencias en la conformación de la canasta de referencia, es claro el enorme problema familiar que representa la profunda crisis económica que enfrenta el ciudadano venezolano en este momento. Si se evalúa además, la situación de la clase media al incorporar servicios de educación y de salud privados, alquileres y seguros como elementos distintivos de la calidad de vida que no se encuentra en los servicios provistos por el estado, la situación es de extrema gravedad.

La escasa comprensión de las autoridades económicas del país, que han establecido como punto de honor en el aspecto político - electoral, el sostenimiento de una política de reparto de la renta petrolera mediante el subsidio generalizado al consumo a través de la sobrevaluación de la moneda, ha ocasionado una enorme cantidad de distorsiones económicas que crecen cada día en cantidad y complejidad, a la vez que se traducen en mayores problemas sociales que se acumulan como energía potencial en una peligrosa dinámica para la estabilidad del país. Una política cambiaria que avance en la sinceración del tipo de cambio de la economía si bien no es suficiente, es condición necesaria para poder superar el oscuro momento que vive el país. Este trabajo presenta una cifra que pudiese servir como referencia del tipo de cambio real mínimo que sirva de inicio a un proceso integral de reforma económica.

@jhernandezucv

Agradezco a Denitse Colmenarez (@DenitseC) y a Luciano Bonavino (@lbonavino)  por ayudarme en la recolección de la data de precios de los diferentes productos.