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martes, 12 de abril de 2016

Motor Turístico: Del convenio cambiario Nº 36 a la cocirculación cambiaria





El día 07 de abril de 2016 fue publicado en Gaceta Oficial, el convenio cambiario Nº36 cuyo objetivo es establecer las “Normas que regulan las operaciones en divisas efectuadas por prestadores de servicios turísticos que operen turismo receptivo, así como los pagos de mercancía destinadas a la venta a pasajeros”. En el contexto de la severa restricción en la disponibilidad de divisas que afronta la república como consecuencia de la caída del ingreso petrolero, la introducción de esta normativa es, sin duda alguna, un elemento positivo en el conjunto de medidas que progresivamente –con una desesperante lentitud- viene adoptando el gobierno nacional como mecanismo para la superación de la profunda depresión económica que vive el país.

Para ponerlo en términos simples, la normativa promulgada permite que las agencias de viajes, prestadores de servicio de transporte y hoteles de 4 y cinco estrellas, puedan recibir pagos en moneda extranjera en sus establecimientos por parte de turistas extranjeros, proporcionándole al turista una tasa más atractiva para el cambio legal que la que venía rigiendo la actividad turística.

La medida está bien orientada pero es sin duda incompleta. En primer lugar porque la tasa DICOM que regirá las operaciones del sector turismo, presenta a la fecha –y a pesar de la marcada depreciación del último mes- un valor que mantiene el hacer turismo en –por ejemplo, Margarita- como una de las opciones más costosas del competido mercado caribeño, donde abunda la oferta de servicios de primera calidad, a precios accesibles –o en todo caso con opciones para todos los presupuestos- y con menos problemas que la oferta turística criolla donde se agudiza la escasez de bienes, el transporte aéreo es impuntual y de escasa oferta, la continuidad de los servicios más básicos como agua y electricidad está comprometida y donde el factor inseguridad destruye los pocos, ineficientes, esporádicos y cambiantes esfuerzos por posicionar a Venezuela como un destino turístico de referencia.

En segundo lugar, la medida limita la realización de las operaciones en divisas a los establecimientos anteriormente mencionados, desconociendo el potencial que tiene para fomentar turismo receptivo cultural, religioso, deportivo, médico, de aventura entre otros, las redes de prestadores de servicios conformados por un tejido de pequeñas y medianas empresas que podrían robustecer la competitividad de la oferta turística local, en caso de ser incluidos en los escenarios cubiertos por el convenio cambiario Nº 36. Restaurantes, discotecas, taxis, guías turísticas, posadas entre otros servicios pueden ofrecerse a una tarifa competitiva para el turista extranjero y proporcionar una utilidad atractiva para el operador local en el contexto de una economía que necesita desesperadamente diversificar sus fuentes de generación de divisas.

Y es que en la práctica ya ocurre: cuando se cobra a tasa paralela –él único tipo de cambio realmente existente para la mayoría- hacer turismo en Venezuela es ridículamente barato para los turistas extranjeros. Lamentablemente, las transacciones a esa tasa son ilegales, lo que eleva el riesgo de los turistas de caer en manos de la proverbial viveza criolla, que deteriora las posibilidades de desarrollo futuro de la actividad turística en el país. Un marco jurídico que formalice la competitividad cambiaria de la que goza el país en los hechos, puede tener efectos positivos en lo inmediato.

La Cocirculación monetaria. Una posibilidad real para Venezuela

A pesar de las enormes dificultades que atraviesa el país, son pocas las dudas que existen respecto a las potencialidades que ofrece el territorio nacional para el desarrollo de una oferta turística variada y de calidad. La posibilidad de reactivar en el corto plazo la actividad turística en el país, pasa por la adopción –en una primera fase, en las zonas francas de Paraguaná y Margarita- de un régimen legal que permita la cocirculación de moneda extranjera en las operaciones realizadas en esos territorios vinculados fundamentalmente al turismo y las exportación de servicios asociados.

Es bien sabido que esas zonas han perdido empuje, en la medida que se profundiza el deterioro del país en diferentes aspectos. Ante la imposibilidad de acceder a divisas, ha mermado considerablemente la oferta de bienes en esas regiones, lo cual ha sido tradicionalmente uno de los atractivos más importantes de esos polos turísticos. De adoptarse la cocirculación monetaria, al tiempo que se avanza en la corrección de la sobrevaluación del tipo de cambio “complementario” es perfectamente posible, que los empresarios de esas regiones, se animen a financiar con sus propios recursos, las importaciones necesarias para insuflarle vida a la actividad comercial de las zonas francas referidas, recuperando en divisas las inversiones realizadas, eliminando así, el riesgo cambiario que mantiene paralizada a la economía nacional. La cocirculación monetaria legaliza e incentiva el desarrollo de productos y servicios captadores de divisas, su acumulación por parte de los agentes privados, y su libre disposición en el mercado cambiario.

La cocirculación monetaria permitiría estimular la creación de oferta turística competitiva, la inversión de capital privado, el aumento en la disponibilidad de bienes importados, la generación de divisas y en general un círculo virtuoso de inversión y crecimiento turístico en las zonas francas del país. El papel del estado debe enfocar todos sus esfuerzos en la provisión de servicios como agua, electricidad, saneamiento ambiental y seguridad ciudadana, impidiendo la anarquización y depauperación de las ciudades y en general, ordenando el funcionamiento de los espacios con potencial turístico. La creación de oferta y el manejo del negocio turístico corresponden a la empresa privada y allí existe un gran potencial para la incursión de pequeños emprendedores y diferentes formas de propiedad en ese sector que es de baja intensidad de capital y cuyos beneficios se democratizan rápidamente mediante el surgimiento de redes interdependientes de proveedores locales.


Econ. Javier Hernandez
@jhernandezucv
discusionpoliticavzla.blogspot.com


miércoles, 8 de enero de 2014

TURISTEAR EN VENEZUELA

Hablando un poco de turismo nacional, voy a repasar algunas ideas sobre el tema. Venezuela, es bien sabido, dispone de un atractivo natural envidiable, las mejores playas del mundo, paisajes variados, flora y fauna generosa entre otras dotaciones entregadas por Dios, constituyen la mayor oferta turística, sin negar que existen ciertos destinos donde son las manifestaciones artísticas-culturales, religiosas, gastronómicas y el patrimonio histórico lo que se convierte en atractivo para el visitante local y extranjero. En cuanto al visitante extranjero, hasta Junio 2012, última fecha en que el ministerio de Turismo tiene disponible alguna información estadística, podría esperarse en un escenario optimista, el arribo de unos 850.000 turistas durante el año, lo cual representaría un incremento importante en el flujo de visitantes foráneos. Para poner esa cifra en contexto, considérese que Cuba, un país sometido a bloqueo económico y muy vilipendiado en los medios de comunicación Internacionales, recibió en 2.013, poco más de 2.8 millones de turistas y por ese concepto ingresaron a las isla, aprox 2.5 millardos de dólares, convirtiéndose en la segunda actividad generadora de divisas para ese país. En Venezuela, podrían haber ingresado entre 0.9 y 1.1 millardos USD por ese mismo concepto. Otro aspecto a considerar tiene que ver con que según las cifras de MINTUR, en 2.012 al menos el 20% de los visitantes lo hicieron por motivos de negocios, lo cual es perfectamente verificable al visitar los hoteles 5 estrellas de la capital y comprobar que en su mayoría, los huéspedes son trabajadores y ejecutivos de las multinacionales que operan en el país, que vienen a ofrecer bienes y servicios, dictar cursos, entre otras razones similares. Finalmente, hay que considerar que buena parte de los visitantes a nuestro país, quienes declaran venir de visita, provienen de Colombia, lo cual me atrevo a asegurar, está vinculado con la masiva salida de productos subsidiados por contrabando hacia el vecino país, por lo cual ese turismo no sólo no trae, sino que además, se lleva.
En cuanto al turismo interno, es innegable que ha tenido un crecimiento exponencial en los últimos años, hecho indudablemente vinculado a la recuperación del poder adquisitivo del Venezolano, lo que hace que en temporadas vacacionales, puentes y feriados, sea prácticamente imposible encontrar disponibilidad de servicios turísticos en casi ningún destino de la geografía nacional, especialmente en los destinos playeros.
Ahora, la calidad de la experiencia turística vivida en el que probablemente sea el país más bello del mundo, es otra historia. Comencemos por hablar de infraestructura: Aeropuertos nacionales e internacionales, terminales de transporte terrestre y carreteras y autopistas, son una verdadera tragedia, considerando los volúmenes de turistas locales que los utilizan y los que se aspira a atraer hacia el país ¿Quién puede disfrutar de un viaje placentero saliendo desde el terminal de La Bandera? En este punto debe mencionarse adicionalmente los servicios de disposición de desechos sólidos: una verdadera vergüenza en todo el país, pero especialmente marcado en zonas playeras y turísticas en general, basta con ir hacia Tucacas y ver que en la vía, a menos de 100 metros del mar, hay botaderos de basura a cielo abierto, rodeados en épocas más recientes, por la proliferación de ranchos que ha afectado al país entero en los últimos años.
Sigamos con los servicios de transporte: las aerolíneas Venezolanas son, sin duda un verdadero desastre, siendo la impuntualidad y el mal servicio un sello, una “marca país” como le llamarían los mercadologos. La escasez de frecuencias y de destinos es denominador común. Viajar entre Puerto Ordaz y Mérida (dos polos de turismo receptivo por consolidar) es imposible sin pasar por Caracas ó Maracaibo, lo cual representa perder un día de vacaciones. Tómese en cuenta que, por ejemplo, un trabajador Norteamericano toma no más de una semana al año para sus vacaciones. No time to waste.
Sigamos con la oferta de servicios al turista: los hoteles consolidados, aparte de insuficientes y costosos, tienen fallas en el mantenimiento y se ven afectados por otras condiciones del país: apagones y falta de agua entre ellos. Por otra parte, las posadas y servicios de alojamiento alternativos cuestan en temporada alta, tanto como un buen hotel de Bogotá ó Buenos Aires. En cuanto al trato al turista local ni se diga: comerse un pescado frito en la playa (justo donde los pescan) en un ranchito sin instalaciones sanitarias, con escaso esmero y cuidado en su preparación es una apuesta riesgosa y extremadamente costosa. Súmele a ellos los vivos que han privatizado las playas y que te alquilan un toldo y una silla por medio salario mínimo, de las cervezas y otros insumos mejor no hablemos. El caso de los lancheros en Morrocoy es como para echarse a llorar.
Finalmente, la inseguridad, esa que en México y Colombia obedece a estructuras criminales más o menos bien organizadas, en nuestro país es ciertamente más democrática: en cualquier zona, a cualquier hora, cualquiera puede atracarte, sólo se necesita una moto y una pistola -ambas muy abundantes en nuestro país- y es suficiente para que te dejen sin ganas de volver. El caso de Mónica Spears, más allá de la tragedia que toda muerte representa, es un caso de enorme simbolismo en esta materia: una Venezolana emigrada, vino con su esposo extranjero, a visitar su país, sabiendo que tiene los paisajes más bellos del planeta, (sobre eso publicó bastantes fotos en las redes sociales), y encontró la muerte en una carretera Venezolana donde varios cientos ya han perdido la vida y/o sus bienes en similares circunstancias en los miles de atracos que se dan en el sector. Si creen que exagero, pregúntele a los conductores de transporte colectivo que hacen uso de esa ruta.
Agréguesele a ello, la situación cambiaria, en la que ser poseedor de un dólar –algo muy normal para cualquier turista no Venezolano- te convierte en objetivo militar, poseedor de una riqueza inimaginable. Las posibilidades de comprar directamente en dólares, ó cambiar legalmente a bolívares a una tasa de cambio atractiva, en nuestro país simplemente no existen, por lo que el turista es abordado desde el propio aeropuerto por cientos de candidatos –en muchos casos autoridades- dispuestos a “ayudar” con el cambio de moneda.
En conclusión, hacer turismo en Venezuela es costoso, incómodo y riesgoso, aun así, vale la pena seguir intentando y avanzar en la formulación de políticas y en muchas gestión gubernamental para desarrollar el potencial del país para el aprovechamiento de los beneficios de la actividad turística y sus impactos positivos en su economía, a través de la generación de divisas, el desarrollo desconcentrado del territorio, y la redistribución del ingreso. Para ello, sobran las oportunidades, siendo el principal enemigo la depauperación y la informalización de todo el país, donde las invasiones –tanto de propiedad privada, como de áreas verdes públicas- que hoy son refugio de malandros y delincuentes como los que asesinaron a la Miss Venezuela, se han desatado sin interés aparente e incluso protección de las autoridades. Así mismo, la informalización y anarquizacion de la actividades de servicios turísticos (playas llenas de buhoneros, autobuseros que cobran lo que mejor les parece, taxistas sin tarifario ni taxímetro entre otras perlas) debe ser atendida como un problema que atenta contra el desarrollo de una actividad prioritaria para el país, por lo que debe castigarse severamente las prácticas de usura y desbordada ambición que hacen que el turista sea percibido como una piñata, al que hay que sacarle lo máximo posible en el menor lapso, en lugar de fortalecer la consolidación en el mediano y largo plazo de un destino turístico específico.
Por otra parte, hay que desarrollar un plan para la explotación racional de nichos del mercado turístico: ecoturismo, agroturismo, turismo religioso, deportivo, turismo de convenciones, turismo médico (como en Cuba) entre otros. Es un campo fértil para la inversión privada productiva, pero se necesita orden en el país como condición necesaria.
Veamos el caso de Orlando, en Florida, Estados Unidos. Es una ciudad de poco menos de 2 millones de habitantes (incluyendo localidades cercanas) que en el año 2011 recibió 55 millones de turistas, 3.8 millones de ellos, extranjeros. Es la región del mundo donde más autos se alquilan entre otras características que destacan ¿alguno de Uds. sabe cuánto cuesta alquilar un carro en nuestro país? Visitar Orlando es, sin duda, comprender el concepto de Industria Turística. La integración de una cadena de servicios  destinados a que el turista visite, gaste, y regrese una y otra vez (diversión, compras, transporte, ornato de la ciudad, accesibilidad para discapacitados y ancianos, alojamiento, seguridad, orden, limpieza, personal bilingüe y capacitado) Y en realidad no tiene un solo atractivo natural llamativo que valga la pena. Se ha enfocado en desarrollarse como un destino para el turismo familiar y las compras, y en épocas recientes ha hecho énfasis en el turismo de convenciones (el Convention Center de Orlando es en sí mismo un paseo).
En lo personal, aunque lo disfruto mucho, no es el concepto de Orlando el que yo considero un ideal para el desarrollo de la industria turística en el país. Ese modelo masivo, industrializado en el sentido Fordista, estandarizado, homogéneo y operado en forma concentrada por grandes corporaciones, dista de ser el ideal del desarrollo que Venezuela necesita. Lo ideal es un modelo desconcentrado, ecoamigable, de aprovechamiento de talento humano y encadenamientos productivos locales, fundamentalmente operado por PYMES, con respeto por las tradiciones culturales, artísticas y gastronómicas de la localidad. Ejemplos de buenas prácticas no abundan en nuestro país, pero las posibilidades de replicar experiencias como el circuito de la excelencia, son infinitas. Lo merecemos y lo necesitamos.

@jhernandezucv




lunes, 14 de octubre de 2013

En defensa de los viajeros





Viajar al exterior es un placer. No es un pecado, no es un delito. No se trata de preferir otro país antes que el propio. Se trata de conocer, de experimentar, de procurar expandir nuestra visión de lo conocido, de saber.
Desde la época del tabarato, cuando alguna gente iba a comprar a Miami y regresaba el mismo día, los venezolanos han procurado siempre uno que otro viajecito al exterior como parte de su plan de vida. Algunos lo hacen por el puro placer de meter en cada conversación a su regreso, alguna anécdota del tipo, “… hablando de tequeños, cuando estuve en (coloque aquí el lugar) no me comí ni uno”. Otros son genuinos “backpackers” que genuinamente disfrutan del turismo como actividad recreativa preferida, y cuando viajan, se montan en el metro y autobuses de otros países, consumen comida típica, se toman sus respectivas foticos, traen souvenirs etc. Otro tipo de turista es el que se interna en un complejo todo incluido en Punta Cana, Cancún u otro destino y no conoce los alrededores sino que se refugia en esos enclaves rodeado de piscinas, restaurantes y tiendas que hacen indiferente su ubicación geográfica: son idénticos los de Margarita, Aruba, Curazao, de hecho, casi siempre son las operados por las mismas cadenas multinacionales.
Más recientemente, el turismo cambiario, ese que el gobierno impulsa por la congelación / subsidio de la tasa de cambio en un contexto de alta inflación interna, ha llevado a miles de venezolanos a paisajes tan exóticos como Panamá y Perú con la intención de raspar el cupo y traer de vuelta los dólares haciendo una ganancia cambiaria. Ese turista conoce menos, por no decir nada pues su objetivo es que le sobren la mayor cantidad de dólares.
Está el turista adinerado, ese que no depende de CADIVI para cubrir los gastos de viaje, bien sea por placer o negocios. Tiene toda la vida viajando y sencillamente “le vale” lo que pase con el cupo CADIVI.
Y  hay otro grupo de viajeros, los que al parecer son minoría. Los que no merecen un titular de prensa en defensa de su derecho a viajar, los que no son objeto de ninguna política pública. Los que son al parecer, los responsables de la escasez de dólares ó de un proceso de transculturización, del complot armado para que nuestros niños, jóvenes y jóvenas, tengan una visión del mundo más allá de lo que perciben en su entorno inmediato y a través de la TV e Internet. Estos viajeros, los que se privan de muchos gastos durante largo tiempo para reunir lo suficiente para poder hacer el viajecito, hoy están guindando y al parecer no hay nadie que se preocupe por ellos.
Y es que a nadie le importa, y hasta feo es, defender a una gente que no va a morir por no hacer el viaje habiendo tanta hambre y tanta necesidad en el planeta. No es fácil defender el consumo suntuario de familias que bien podrían irse de vacaciones a Santa María de Ipire en lugar de ir a Buenos Aires, a Nueva York ó Madrid.  Es como defender antojos, caprichitos lujosos.

En la constitución sin embargo, no se establecen limitaciones a esos derechos en razón de sus cualidades, no existe algo como, “tienes derecho a movilizarte sólo si es para conocer museos, o tratamientos médicos”. Viajar es un derecho hasta que se diga explícitamente lo contrario, quien pueda hacerlo, que emprenda los viajes que quiera a donde quiera.
El estado debe garantizar divisas subsidiadas a los viajeros? Definitivamente no. Puede ignorarlos a la hora de formular las políticas económicas? Tampoco. No se trata de facilitarle la vida a los viajeros, pero tampoco de hacerle la vida cuadros.
En la coyuntura actual, el gobierno tiene que saber que hay una gran cantidad de familias, que tienen ya planificado sus viajes para, digamos, los próximos tres meses. Ya tienen los boletos, reservaciones, itinerarios, todo. Y todo ha sido calculado a razón de 6,30 bs por dólar de CADIVI. Una devaluación del tc oficial de CADIVI, ó la exclusión de los viajeros del sistema CADIVI para acudir a un mercado alternativo, que se traduce en devaluación, duplica el costo del viaje planificado. En pocas palabras, le arruina los planes a más de uno. ¿Puede un estado hacerlo en nombre de una crisis cuya existencia  se ha negado reiteradamente? Yo pienso que no, que el estado tiene la obligación de otorgar plazos de espera para la entrada en vigencia de una medida como esta.
Téngase en cuenta que el cupo CADIVI sólo puede tramitarse 30 días antes del viaje. Que no es posible en la actualidad (como antes) comprar poco a poco las cantidades de dólares necesarios para el viaje que se planifique. Que no se pueden pagar por adelantado paquetes turísticos en moneda extranjera porque el cupo se activa justo el día en que se viaja. En resumidas cuentas, los viajeros dependen exclusivamente de CADIVI, de su eficiencia, y de la credibilidad del gobierno en cuanto a la política cambiaria. El que se embarcó en invertir en un viaje, lo hizo confiando en que no cambiaran violentamente las condiciones del entorno como al parecer sucederá.
Es loable que el gobierno dirija su discurso a los sectores de menores recursos, pero debe recordarse que el gobierno es para todos, que no sólo de pan vive el hombre y que los verdaderamente ricos, no se verían afectados con una medida como la propuesta ó en cualquier caso, tienen más recursos para defenderse.
Buen viaje

viernes, 31 de mayo de 2013

TURISMO INTERNO EN VENEZUELA



PLAN DE IMPULSO AL TURISMO INTERNO
Actividades turísticas en zonas periurbanas, cortos desplazamientos, alta frecuencia

                La actividad de turismo y recreación en Venezuela, muestra signos de una solidez y un crecimiento envidiable por cualquier otro país o por cualquier otro sector económico. Es simplemente impresionante observar el colapso de los servicios turísticos en las temporadas altas (puentes, vacaciones) por la enorme afluencia de asiduos visitantes de los más conocidos destinos turísticos, por lo general asociados al disfrute de las playas.
                Este movimiento turístico, aun cuando es altamente positivo para las localidades receptoras por el aumento de las ventas y la actividad económica en general, es también causante de un gran pasivo ambiental, un incremento en el numero de víctimas mortales y heridos en accidentes de tránsito, y podríamos hablar incluso de un pasivo “moral” como en el famoso caso de Los Juanes, debido al desmedido uso y abuso de alcohol y drogas en estas temporadas. Es cierto también que en términos de disfrute son muchos los aspectos a mejorar, por cuanto en estas épocas es perfectamente posible pagar en posadas mal mantenidas, sin los servicios mínimos deseables, montos equivalentes al que bien podría pagarse en un hotel bastante aceptable fuera del país. Así mismo, los altos precios de los servicios, comida y las interminables colas para ir y regresar del viaje, la escasez y posterior reventa de boletos, un Indepabis intermitente etc. Forman parte también del vacacionar del venezolano junto a las fotos del facebook.
                La inversión en turismo por parte del sector privado se ve afectada, no por la falta de capital, por cuanto existe una oferta suficiente de recursos a una tasa preferencial, sino por la imposibilidad de los prestadores de servicios, de garantizar un nivel de actividad más constante a lo largo del tiempo y no solo en los picos de las temporadas altas, que les permitan afrontar los compromisos derivados de una mayor inversión. Si a eso añadimos una relajada supervisión oficial y una demanda cautiva en temporadas altas, vemos que es muy poco el estimulo para el mejoramiento y crecimiento de la oferta de servicios turísticos.
                Una posibilidad en este sentido, es la intervención del estado en la promoción y apoyo al turismo de fin de semana, aquel que todas las familias deben poder disfrutar sin tener que esperar una ocasión especial, puentes, vacaciones etc. Se trata de un programa especial para impulsar destinos no asociados a playas  - las playas se promocionan solas, son destinos consolidados – y el disfrute ecoamigable de los atractivos turísticos que rodean a nuestras principales ciudades, contribuyendo a orientar el gasto en consumo de los turistas hacia pequeños y medianos prestadores de servicios turísticos.
                Paso a representar con un ejemplo: Los habitantes de Caracas aprovechan cada fin de semana para acudir masivamente a las playas, siendo las de Vargas e Higuerote las preferidas. También es cierto que los Centros Comerciales son ahora los espacios públicos predilectos para los caraqueños y es casi un un reflejo ó un hábito religioso el llevar a los niños a comer comida chatarra todos los fines de semana. Imaginemos por un momento una programa especial de turismo que facilite a los Caraqueños visitar por ejemplo un circuito montaña-playa como El Junquito – Carayaca – Oeste de Vargas;  Guatire-Araira; Los Teques-La Mariposa-Hoyo de la Puerta. Todos estos sitios mencionados tienen algún tipo de manifestación cultural autóctona, sepultada bajo el estrés de la “civilización”, a pesar de estar tan cerca de la ciudad. Así mismo, mantienen actividad agrícola y pecuaria que puede fácilmente integrarse con restaurantes y posadas, venta de alimentos frescos (el viajero siempre compra algo oriundo de la zona). Estas actividades beneficiarían principalmente a poblaciones deprimidas de las periferias y a pequeños productores, contribuyendo a evitar la depauperación de esos espacios. Guatire y sus ríos, Araira y sus pozos, siembras, cria y beneficio de animales en escala no industrial, las mandarinas, Carayaca y su clima y vista privilegiadas, su siembra de hortalizas frescas, el envidiable clima de Hoyo de la Puerta y la Mariposa entre otros son tesoros a la vista de todos pero a su vez ocultos, susceptibles de ser disfrutados racionalmente cada fin de semana por cientos de caraqueños.
                El papel del estado en todo esto? Con MINTUR como ente coordinador, Inversión directa de ser necesaria en la construcción de pequeñas posadas ecológicas y accesibles, dotación de transporte cómodo confiable y seguro, microcréditos para los emprendedores de la zona que se animen a integrarse al circuito de producción alrededor del turismo. Por otra parte, evitar y desalojar invasiones de áreas verdes, combatir la depauperación y anarquizacion de los espacios, alumbrado público, saneamiento ambiental, vialidad, seguridad y un plan de formación de microempresarios de turismo, el estimulo y reglamentación de estas áreas turísticas para garantizar el encadenamiento productivo entre otras tareas, corresponde al estado asumirlas en los diferentes niveles de gobierno.
                Cada ciudad importante del país está rodeada de pueblos similares a los aquí descritos, corresponde a los institutos de turismo de cada estado, identificar las potencialidades a desarrollar siempre dentro de esta visión, regida por el Min Turismo, como condición para que este se involucre y dirija los recursos al fomento de estas zonas. Las potencialidades son enormes, los beneficios  abundantes y focalizados en quien más lo necesita, bien vale la pena el esfuerzo.

Javier Hernandez
Economista UCV
@jhernandezucv