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viernes, 13 de febrero de 2015

¿Debe eliminarse el cupo electrónico?

En las siguientes líneas voy a ocuparme de un asunto del cual los economistas venezolanos poco se preocupan: la existencia del cupo electrónico y del cupo viajero.

Para los no venezolanos les explico: el famoso “cupo” es un tope máximo autorizado por el gobierno para consumo en divisas, establecido en el contexto del control de cambios que rige el país desde 2003 y que tiene por objetivo, limitar la salida de divisas y un uso de las mismas orientados a la satisfacción de necesidades prioritarias. De este modo, y aun cuando el tope máximo ha venido reduciéndose aceleradamente, se trata –en teoría- de un límite establecido a las personas naturales para el uso de divisas.

Muchos economistas se oponen a la existencia de los cupos, argumentando consideraciones incluso éticas y morales (que exacerba el consumismo, por ejemplo). Otros proponen razones un poco más liberales: en una sociedad de libertades, no debería haber límites a la voluntad del ciudadano de adquirir cuantos dólares quiera sin mayor limitación que la derivada de sus posibilidades económicas. A otros tantos colegas les resulta indiferente ya que consideran que no tiene ningún efecto sobre la macroeconomía.

En mi caso, considero que la existencia de topes es necesaria para mantener a la economía dentro de un desempeño óptimo que garantice un uso bien orientado de las divisas con que cuenta el país y que de paso son generadas casi en su totalidad, por la exportación de petróleo que, hasta que se diga lo contrario, es de todos los venezolanos.

Un razonable cupo para compras por internet por ejemplo, constituirse en una fuente adicional de oferta agregada vía importaciones, más “democráticas” y directas, con importantes beneficios para los consumidores, por el efecto modelador de la competencia en la formación de los precios internos. 

Si Ud. como ciudadano puede comprarse una nevera en el exterior, los grandes importadores y comerciantes tendrán que establecer sus precios de modo que no pierdan el mercado. Cuando el gobierno ha reducido el cupo electrónico lo que ha hecho es quitarle a los ciudadanos un arma para pelear la supuesta “guerra económica”. No me defiendas compadre




En cuanto al cupo viajero, si no hay opciones de ahorrar en dólares para el viaje, si no hay tarjetas prepagadas y si no hay alternativas, el estado debe suministrar las divisas (a menos que prohíba viajar)

Por qué la gente vende el cupo? Lo raspa? Viaja sin importar su condición económica? Porque es un negoción. Porque el estado lo subsidia y materializa grandes ganancias por el diferencial cambiario

Que pasaría si el precio del dólar fuese el precio de mercado? Que incentivo tiene alguien para comprar y/o vender los cupos? Ninguno, nadie gana.

Ha sido la política de anclaje cambiario, el subsidio al tipo de cambio, lo que ha generado todo el desbarajuste del sistema cambiario, no el control de las cantidades. En eso difiero de la mayoría de mis colegas

¿Mi consejo? Usen su cupo racionalmente, no lo vendan, compren todo cuanto puedan por internet. En Venezuela es casi imposible comprar cualquier cosa


@jhernandezucv

viernes, 18 de julio de 2014

Antes de Emigrar. Para los que se irían demasiado

La economía no es una ciencia exacta. En su condición de ciencia social, pretende entender y más aún explicar mediante la formulación de ciertas “leyes” el resultado esperado, ante las acciones de los agentes económicos; consumidores, productores, reguladores etc. Estos agentes, en tanto humanos, están sujetos a una complejísima conformación en sus patrones de comportamiento, imposibilitando la formulación de postulados del tipo “Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria…”.

El comportamiento de los agentes económicos ofrece infinitas combinaciones y por lo tanto infinitos resultados posibles, que la ciencia económica procura agrupar en grandes categorías: crecimiento, recesión, inflación entre otros.

Toda esta perorata pseudo académica se me viene a la mente ya que, en los últimos años y como parte de las interacciones sociales del Venezolano –cerveza y parrilla mediante- se presenta siempre la discusión y los comentarios sobre emigrar ó quedarse. Supongo que este debate se dá en todo el mundo pero en nuestro país es bien particular debido a la amplia pero distorsionada exposición del Venezolano promedio ante las realidades que se viven en otros países.

Me explico, en los últimos años al amparo de CADIVI y la brutal sobrevaluación del bolívar, resurgió el turismo cambiario, entendiendo este como aquel que realiza cualquier mortal con tarjeta de crédito para hacerse de una asignación de moneda extranjera a tasa subsidiada para luego venderla en el mercado negro, aprovechando el enorme diferencial y las infinitas posibilidades de arbitraje en cualquier ramo que ofrece una economía tan distorsionada como la venezolana. No es un fenómeno nuevo, si consideramos que el célebre “tá barato, dame dos” fue el rasgo distintivo del venezolano en el exterior durante los 70’s.

Buena parte de la población puede jactarse de haber viajado al exterior al menos una vez en su vida, no importa su clase social. Y es que todos conocemos a alguien que gracias a la revolución tuvo la posibilidad de conocer esos paraísos terrenales que son Perú, Panamá ó Cucuta. En su condición de turistas, estos viajeros no se mezclan entre la realidad de esos supuestamente prósperos destinos, sino que ven los toros desde la barrera, con la posibilidad de gastar 2000,2500, 3000 dólares en compra de ropas y electrónicos en una semana, cosa que seguramente no pueden hacer muchos de los residentes de esas ciudades. Rara vez vemos lo maravilloso de nuestros destinos turísticos desde los ojos de los muchachos que trabajan en los malls en horario extendido, ó nos ponemos en el lugar del mesonero ó del taxista que nos atiende. Muchos piensan que Ciudad de Panamá ó Miami por ejemplo son el cielo en la tierra, que allá todo es bello, quisiéramos quedarnos viviendo allá y por supuesto cuando regresamos y alguien nos pregunta cómo nos fue no falta la respuesta “allá es otra vaina”, “no es como aquí”, “aquí, volviendo al infierno” o todas esas expresiones autodegradantes que todos los días del mundo repetimos autocompasivamente.

Y no es que nos falten razones para quejarnos. Las colas, la inseguridad, el caos urbano, lo difícil que es aquí toda vaina,  y lo más importante, la pérdida de la esperanza en que el futuro será mejor. Bajos salarios, la imposibilidad de comprarse un carro, un apartamento no son percepciones infundadas. Son duras realidades, que deprimen y que obligan a considerar la posibilidad de emigrar. Son muchos los que “se irían demasiado”

Pero tomar la decisión de emigrar no es cualquier cosa. Muchos de quienes lo hicieron en años recientes hoy están de regreso en el país, mientras que muchos de quienes están fuera no la pasan mucho mejor, sólo que sus problemas son de otra índole. No es la falta de carros ó de boletos aéreos, es la falta de dinero para comprarlos, ó la falta de tiempo para disfrutar de los aspectos de la vida no vinculados a la prosperidad material, aquellos que son muchos y que pasan desapercibidos en la interminable carrera por ser, a través del tener.

Me voy a permitir copiar algunos párrafos tomados del libro “El Precio de la Desigualdad” (2012) de Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, a quien nadie, salvo locos como los generales Lucio, Peñaloza ó el profeta (y sus seguidores) podrían acusar de Chavista ó comunista. En este libro se hace una descripción de cómo el ciudadanos promedio en los Estados Unidos vienen enfrentando una situación cada vez más difícil para sostener el nivel de vida de sus familias, enfrentado el deterioro de sus posibilidades de progreso social. Nada que ver con nuestras fugaces vacaciones en Disney y nuestras maratónicas sesiones de Shopping turístico. Es una realidad marcada más bien por extensas jornadas de trabajo, poca estabilidad, pocas vacaciones y la terrible realidad de que si enfermas ó tienes un accidente, es bien probable que todo lo que logres acumular se destruya mucho más rápido de lo que se piensa.

Que esto no se entienda como uno de esos argumentos trasnochados de que los venezolanos estamos mejor que los norteamericanos y que el imperio cae mañana. Tampoco es necesario que se me diga que aquí estamos peor, y que el salario mínimo alcanza apenas para comprar un par de zapatos, no estoy tratando de convencer a nadie. Trato de hacer ver que, especialmente para el emigrante hispano la situación es bastante más compleja de lo que nuestra experiencia viajera subsidiada por el petróleo nos ha permitido conocer.

A continuación algunos extractos de la caracterización de Stiglitz:

Supongamos que el asalariado goza de buena salud y consigue trabajar un total de 40 horas semanales (la semana laboral media de los trabajadores estadounidenses es de solo 34 horas) con un salario ligeramente por encima del mínimo: digamos de aproximadamente 8,50 dólares por hora, de forma que después de pagar su cuota de la Seguridad Social, el asalariado recibe 8 dólares por hora y, por consiguiente, recibe 16.640 dólares por sus 2.080 horas. Supongamos que no tiene que pagar impuesto sobre la renta, pero su empleador le cobra 200 dólares al mes por un seguro médico para toda su familia, y se hace cargo de los restantes 550 dólares mensuales del coste del seguro. Eso deja sus ingresos disponibles en 14.240 dólares anuales. Si tiene suerte, puede que consiga encontrar un apartamento de dos dormitorios (con suministros incluidos) por 700 dólares al mes. Eso le deja 5.840 dólares para hacer frente a todos los demás gastos familiares del año. Igual que la mayoría de estadounidenses, es posible que considere que un coche es una necesidad básica; el seguro, la gasolina, el mantenimiento y la amortización del vehículo pueden suponer fácilmente 3.000 dólares al año. Los fondos que le quedan a la familia ascienden a 2.840 dólares —menos de 3 dólares diarios por persona— para cubrir los gastos básicos, como la comida y la ropa, por no mencionar las cosas que hacen que la vida valga la pena, como las diversiones. Si surge algún problema, sencillamente no hay ningún colchón.

Teniendo en cuenta que aproximadamente cincuenta millones de estadounidenses carecen de seguro médico, una enfermedad puede colocar a toda una familia al borde del abismo, una segunda enfermedad, la pérdida de un trabajo, o un accidente de automóvil pueden empujarla al vacío. De hecho, los últimos estudios han revelado que, con gran diferencia, la mayor parte de las bancarrotas personales están asociadas con la enfermedad de un miembro de la familia

Muchos de los desempleados de mediana edad no veían ninguna perspectiva de volver a encontrar jamás otro trabajo. Para los mayores de cuarenta y cinco años, la duración media del desempleo ya está aproximándose a un año

Incluso los empleados saben que sus puestos de trabajo están en peligro y que, con el elevado nivel de desempleo y el escaso nivel de protección social, sus vidas podrían dar un repentino giro a peor. La pérdida de un empleo significaría perder el seguro médico y, tal vez, incluso perder su casa.

Más de un 20 por ciento de las personas que tienen una hipoteca están «bajo el agua» (underwater), es decir, deben más dinero de lo que vale su casa.

La tasa de encarcelamiento de 730 por cada 100.000 personas (equivalente a 1 de cada 100 adultos) es la más alta del mundo, y aproximadamente entre nueve y diez veces mayor que la de muchos países europeos.

Algunos estados se gastan en sus instituciones penitenciarias tanto como en sus universidades

Un número cada vez mayor de estadounidenses apenas es capaz de cubrir sus necesidades básicas. Se dice que ese tipo de individuos está en situación de pobreza. La proporción de personas que estaban en esta situación era del 15,1 por ciento en 2010, frente al 12,5 por ciento de 2007

Para no hacer más largo el asunto, quisiera agregar que no hay modelo económico perfecto. Incluso Noruega con su Fondo Soberano de USD 800 millardos mantiene una deuda externa de USD 700 millardos y una dependencia del petróleo que amenaza la sostenibilidad en el largo plazo del enorme bienestar social alcanzado. Por eso, la decisión de emigrar, de irse demasiado no debe tomarse a la ligera, sin bases ó después de ser atracado por algún motorizado en la autopista. ES TODO

@jhernandezucv



viernes, 31 de enero de 2014

¿LA CLAVE CONTRA EL DÓLAR PARALELO? UN MINIMO DE CERTIDUMBRE

¿LA CLAVE CONTRA EL DÓLAR PARALELO? UN MINIMO DE CERTIDUMBRE
“Predecir es difícil, y sobre todo el futuro”, una frase atribuída a Niels Böhr y que Giordani solía repetir para justificar su aversión a establecer metas y dar información clara a los periodistas de la fuente económica, es hoy más que nunca una acuciante realidad para los agentes económicos en Venezuela.
Nadie, o muy pocos han podido establecerse un plan, por pequeño que sea, de lo que piensan hacer en este 2014. Desde un viaje, una remodelación a la casa, una reparación mayor al carro, hasta las grandes decisiones corporativas que afectan a cientos de personas, aumentar o reducir capacidad, importar o producir, lanzar nuevos productos o eliminar algunas líneas y un largo etcétera, fueron prácticamente imposibles de planificar durante el mes de enero. 1/12 del año, el 8,33% del tiempo lo perdimos por no conocer para donde apuntarían las medidas económicas que tomaría el gobierno del presidente Maduro, aunque muchas de ellas se veían venir, en particular las referidas a la migración a SICAD de algunos sectores económicos. Otras medidas, como el aumento de la gasolina, siguen engatilladas en la estructura decisoria del alto gobierno, tal vez atascadas en la rumorada confrontación entre pragmáticos y radicales.
Y es que no hay medidas económicas que no generen críticas y quejas. Siempre habrá dolientes en las medidas económicas que se implanten. En este país en particular, todo se supera y la capacidad de adaptación del Venezolano, desde el empresario hasta el asalariado de la empresa pública y privada, el desempleado y toda clase de emprendedores hasta el buhonero, son capaces de darles la vuelta a la situación y seguir viviendo, mejor o peor pero viviendo. Lo que definitivamente no puede tolerarse, es la imposibilidad de tomar una decisión, por pequeña que sea debido a la enorme incertidumbre que genera el silencio gubernamental, la intermitencia e inconstancia de las medidas, ó la superposición permanente de nuevos parches y  remiendos sobre las normativas que se promulgan. Ni que fueran Microsoft.
Si para ir a mi oficina, cuento desde hace algún tiempo con un servicio de transporte deficiente, lento, e incómodo, seguramente no es la situación ideal pero me adapto. Seguramente me levanto más temprano para encontrar puesto, las mujeres no usarán tacones altos hasta llegar a su destino entre otras tácticas que se observan claramente en el día a día del caraqueño común. Pero si de la noche a la mañana, se anuncia que ese transporte ya no viene, el gobierno me promete un súper autobús de última generación pero que es impuntual,  no termina de llegar y cuando llega trabaja un día sí y otro no, impone nuevos requisitos sorpresa para admitir a los usuarios, y el conductor no puede asegurarte si mañana viene, seguramente tendrás que buscar un sistema paralelo que te permita trabajar, no importa si es la moto de un malandro que te cobra mucho más y anda ilegal, pero es la única forma que tienes de ir, aunque de cuando en cuando puedas subirte al súper autobús de funcionamiento intermitente. No puedes dejarle a la suerte la asistencia al trabajo, claro que siempre tienes la posibilidad de renunciar al trabajo (y así lo han hecho muchos).
Un mínimo de certidumbre que permita a las empresas y los consumidores planificar es lo que se necesita. Si ya migraron el sector a SICAD no hay problema, obviamente el precio de venta debe poder reflejar la nueva realidad. Los problemas ahora serían ¿Cuándo convocarán a mi sector industrial? ¿Cuánto me adjudicarán?
Lo mínimo que puede hacer el gobierno es promover la predictibilidad del sistema. Si en realidad procura que el SICAD se constituya en un mercado complementario legal, marcador de una tasa de cambio referencial, -en oposición a un dólar paralelo evidentemente manipulado y sobrevaluado- , si se le visualiza como un mecanismo que coadyuve a suplir en forma expedita las necesidades de divisas de la economía Venezolana, debe publicarse de una vez y por el resto del año, el cronograma de subastas y los sectores económicos que serán convocados. De esta manera, los potenciales demandantes de dólares en el mercado ilegal podrán planificar su producción, sus ventas, sus precios, su estructura organizacional y productiva, inversiones y empleo, en fin, ¿para que acudir a un mercado ilegal si ya sé que en tres meses voy a poder obtener –al menos parcialmente- las divisas que mi proceso necesita a una tasa más o menos predecible?
Esto es válido para cualquier organización, llámese privada nacional, multinacional, grande o pequeña, las PYMES, las cooperativas, las empresas de producción social y las empresas del estado, independientemente del sector industrial en el que operen. Todo el tejido productivo funciona como una red de proveedores-clientes, por lo que incluso la producción de las empresas socialistas se vería ampliamente favorecida, al disponer de insumos y servicios comercializados por el sector privado. No puede aplicarse una política de dominación al sector privado sin terminar afectando a las empresas públicas. Las condiciones macroeconómicas afectan sin miramientos a todas las empresas y como siempre repito, es preferible tener empresas capitalistas produciendo, que empresas socialistas paradas ó vacías, importando todo ó simplemente viviendo del presupuesto público.


@jhernandezucv

lunes, 27 de enero de 2014

UN DÓLAR A 6,30 NO ES NADA PATRIÓTICO



En buena parte de la militancia de izquierda, la nueva y más reciente devaluación del bolívar es no menos que una gran traición del gobierno, la claudicación de la patria, un golpe artero en las aspiraciones de la clase trabajadora, una oprobiosa medida que sólo beneficia al gran capital, un infame desconocimiento del “legado”. En este esquema mental, el valor de nuestra moneda, el bolívar, está relacionado más con la grandeza heróica del procer en cuyo honor se nombró nuestro signo monetario, que en el valor concreto y competitividad de la producción doméstica que lo respalda. En esta línea de pensamiento, la inflación interna, el déficit fiscal, la mermada producción petrolera, la incipiente producción industrial, la casi inexistente actividad exportadora no petrolera, la disminución de las reservas internacionales, la fuga de capitales, el endeudamiento externo entre otras nimiedades, poco o nada tienen que ver con el tipo de cambio. Lo que importa es que somos el pueblo de Bolívar y de Chávez, que luchamos contra el imperio, que se está gestando una nueva sociedad y que, por supuesto, el capitalismo mundial se está derrumbando. Tomando en cuenta todo eso, la tasa de cambio no sólo debería estancarse en Bs. 6,30/USD sino que además deberíamos procurar revaluarla cada vez más para defender al “pueblo”
En este punto debo decir que, ese sector ideológico, desde donde ha surgido una fuerte oposición a estas medidas del gobierno de Maduro y que, incluso se oponen al aumento de la gasolina, tienen plena coincidencia con la muy vituperada MUD; es decir, que Leopoldo Lopez y Henrique Capriles tienen hoy, más coincidencias con la mayoría de los articulista de Aporrea, que con los de El Universal.
Que persigue el gobierno al anclar el 80% de las importaciones a una tasa de Bs. 6,30 absurdamente sobrevaluada? La respuesta es sencilla, abaratar las importaciones, para crear una sensación de bienestar material insostenible, en resumen, “proteger” la capacidad de consumo de la población en el corto plazo.
Nótese el énfasis en el horizonte temporal en el cual –en el mejor de los casos- se recibirían los beneficios de esta política de anclaje cambiario como instrumento para dominar los precios. Se busca “proteger” la capacidad de consumo, y en esto, los extremos se tocan. De lo que nadie habla ó muy pocos lo hacen es sobre la capacidad de producción. Por lo visto para nadie es importante que discutamos sobre producir, crear las condiciones para al menos iniciar una diversificación productiva del país. Se busca defender y ser defendidos en la capacidad de consumo, no de producción lo cual evidentemente es una estrategia de cortísimo plazo, dependiente de la benevolencia de la cotización del crudo en los mercados internacionales.  ¿A quién beneficia un tipo de cambio a 6,30Bs/USD (donde sea que se encuentre disponible)? ¿al productor nacional?. Independientemente del sector económico, la escala de producción, la estructura de capital, la composición accionaria y la naturaleza misma de la empresa, NADIE, léase bien, NADIE puede competir contra un producto importado a razón de Bs. 6,30 por dólar. Intente el lector pensar en alguna actividad económica-productiva que pueda ser desarrollada en el país cuyo costo de producción sea razonablemente competitivo con su equivalente extranjero. Ni la grandes corporaciones nacionales, multinacionales, PYMES, EPS’s cooperativas y mucho menos las empresas estatales pueden suplir al mercado doméstico en condiciones razonables en términos de precios, si no media un subsidio. El gobierno lo entiende así, por lo que pretende a través del anclaje cambiario “equilibrar” la economía nacional.
Mantener el dólar a Bs. 6,30 no es nada patriótico. Sólo contribuye a reproducir las condiciones que nos han hecho un país importador neto de cualquier cosa, disminuyendo aún más –si es que eso es posible- nuestra posibilidad de iniciar el tránsito hacia la producción interna de un porcentaje creciente de nuestras necesidades de consumo como sociedad. Hoy los importadores, los funcionarios que autorizan los dólares, los miles de DAKA, los bachaqueros, los pimpineros están de fiesta con la decisión de anclar el valor del dólar, mientras que los emprendedores nacionales, la gente que quiere producir sigue de luto. La capacidad creadora del pueblo una vez más se ve empujada a ingeniárselas como acceder a esa piñata del dólar barato en lugar de desarrollar una oferta sustentable de bienes y servicios.
Sólo produciendo, creando riqueza podríamos proteger la capacidad de consumo de las futuras generaciones. No tenemos derecho a gastarnos todo el ingreso petrolero y heredarles un país peor que el que nosotros recibimos, más aferrado cada día  a la ilusión de un dólar barato.





viernes, 24 de enero de 2014

Esto se llama Paralisis Económica

Según el DRAE, Parálisis tiene como significado en una de sus acepciones “Detención de cualquier actividad, funcionamiento o proceso”, así que sin duda alguna podemos llamar a la actual situación del país como una brutal parálisis económica y productiva. Esta vez no voy a disertar sobre las posibles causas de tal situación, aunque no puedo dejar de mencionar que la escasez relativa de dólares, el atronador silencio gubernamental en materia de anuncios de política macroeconómica y cambiaria en particular, la asfixiante burocracia, el notable desorden en la gestión claramente expresado en una nueva intermitencia del SICAD entre otras muchas razones, influyen, refuerzan y prolongan esta parálisis. Me limitaré a comentar el tipo de situaciones, algunas importantes, otras no tanto que vive y padece un ciudadano cualquiera, un trabajador asalariado, un emprendedor de cualquier naturaleza en el marco de la llamada guerra económica.
Y es que al parecer, el gobierno ha identificado en el sector empresarial sus principales enemigos, así que todas las políticas públicas van orientadas a minimizarlo, ó por lo menos, a someterlo. Lo que el gobierno no ha entendido –desde la época del presidente Chávez- es que privado es cualquiera, que empresa privada no significa únicamente burguesía, y que los Capriles, Zuloaga y Mendozas no salen ni remotamente perjudicados con cada estupidez, que por acción u omisión, cometen quienes tienen la responsabilidad de ejecutar las medidas del gobierno.
Posiblemente exagero, pero no conozco un solo pequeño comerciante que no esté afectado en la actualidad: tapiceros parados por falta de goma espuma, tela, hilo etc, herreros varados por falta de electrodos y tubos, albañiles de vacaciones forzadas por no disponer de un saquito de cemento para tapar cualquier grieta, la señora que vende empanadas ahora cocina medio día y otro medio día se dedica a cazar la harina de maíz y el relleno de su producto. La muchacha que vende tortas y dulces para rebuscarse, esa que las hay en cada oficina pública y privada y todo el mundo conoce al menos una y que no ha podido hacer ni una panqueca por falta de harina de trigo (en mi oficina hace días cantamos cumpleaños y picamos pasticho en vez de torta, es en serio), los taxistas que duran meses accidentados por falta de repuestos, cauchos y baterías, fotógrafos, diseñadores, programadores, compositores y artistas que no han podido usar su cupito CADIVI para comprar sus equipos, instrumentos y materiales, talleres mecánicos cerrados hasta nuevo aviso, y hasta centros de copiado que no sacan copias por falta de toner. El caso de las copias es una verdadera tragedia, porque todos sabemos que no existe un trámite en este país que pueda realizarse sin la “copia fotostática” de ese papelito llamado cédula de identidad. Podríamos decir que uno de los motores de la economía Venezolana, la chispa que hace andar la maquinaria de la burocracia estatal son las fotocopias, así que ahora si estamos jodidos. Eso sin contar la escasez permanente de leche, aceite, queso, carne entre otras exquisiteces a las que se ha acostumbrado el cadivista paladar Venezolano.
Si así estamos para actividades de subsistencia, quizá no valga la pena mencionar (pero igual lo voy a hacer) que es probable que nadie en el país, pueda hacer una planificación de digamos, 6 meses en su futuro. Pedir un crédito para una nevera, comprar un carro, ó por lo menos pintar el carrito viejo, quitarle el ruidito que tanto nos atormenta, planificar las vacaciones, aspirar a comprar una computadora por Amazon, qué hacer con los cuatro reales que eventualmente nos sobran en un bolsillo ¿lo ahorramos, lo invertimos? Nada de eso es posible en los actuales momentos para los residentes en esta tierra de gracia.
Necesario es repetir que esto ocurre en el país más hermoso del planeta, con las mujeres más bellas, el destino más chévere, con una dotación de recursos naturales envidiable, en un contexto donde la cesta petrolera se cotizó durante 2013 por arriba de 90 dólares el barril, donde no ha ocurrido en los últimos meses (y ojalá sigamos así) ninguna catástrofe natural, ninguna guerra convencional, ninguna invasión, no se desplomó el precio del petróleo ni nos cayó una plaga de langostas. Son las consecuencias de “la crisis del capitalismo”, pero que vaina que se sufren más en el socialismo. Quizá a un habitante de Ruanda todo esto le suene a quejadera sin sentido, tendríamos que explicarle que todo esto ocurre en este país no es por falta de demanda solvente, sino por la inacción del estado, el principal actor económico del país.
A todas estas, donde están los ministros, viceministros, jefes, responsables que tienen años ofreciendo que los convenios con Irán nos iban a garantizar pleno suministro de harina, leche y otros? Que las reses argentinas y brasileñas mejorarían la genética del ganado Venezolano y que con la expropiación del Charcote, la Marqueseña y otras miles de hectáreas tendríamos plena soberanía alimentaria? Los que ofrecían que la planta de Haier produciría no sé cuántas neveras, y que las ensambladoras chinas e Iraníes llenarían el Mercosur de carros, celulares y computadoras made in Venezuela? Que la nacionalización del cemento y la planta Cerro Azul solucionarían el desabastecimiento del mercado local? Esos funcionarios no cayeron víctimas de la guerra económica, sino que por el contrario, son una vez más premiados, ratificados en sus cargos o movidos a otros similares, exiliados en embajadas o peor aun, promovidos a cargos de mayor importancia como son los casos de Menéndez, Jaua, Osorio y Fleming, que han dejado un cementerio de iniciativas fallidas a su paso y que hoy, tal como ayer, prometen para el futuro mejores resultados haciendo exactamente lo mismo que en el pasado.
Lo más triste de todo es que sólo con unos anuncios, con un par de medidas se puede hacer que la economía arranque. Esperaremos por los anuncios del Ministro Ramirez.

@jhernandezucv

PD: Fué escrito antes de anunciarse las nuevas medidas cambiarias



jueves, 9 de enero de 2014

La credibilidad de la política económica



Son cosas de simple sentido común. En nuestra vida diaria, en la interacción con otros, en nuestros empleos, en los estudios, en el amor, la lógica es siempre la misma: La credibilidad es un gran activo.
Podemos equivocarnos, podemos fallar, tomar decisiones equivocadas pero siempre que hayamos sido honestos, afrontado las consecuencias, cumplido con lo ofrecido, honrado nuestros compromisos ó excusarnos a tiempo de no hacerlo, hasta el más enconado adversario reconoce nuestra seriedad. Mientras haya seriedad, todo se puede conversar, negociar, acordar. Sin seriedad, sin apego a la palabra empeñada, sin cumplimiento en tiempo y forma de los compromisos, hasta las iniciativas más loables, hasta los regalos, todo lo bueno, deja de serlo ó lo es menos.
El caso de la gestión gubernamental no es una excepción: se puede tener una idea equivocada de lo que es la sociedad, de lo que el país necesita. El gobierno puede empecinarse en mantener una política de bienestar fundamentada en subsidios, hasta que el modelo colapse. Es una opción lícita y con respaldo electoral así que pueden continuar por el camino de las subvenciones, subsidios, estatismo asfixiante, controles, regulaciones y fiscalizaciones. Es una visión de país así que los que apoyan la opción estarán contentos y quienes no apoyamos esa manera de  dirigir un país, nos aguantamos, y planificamos y tomamos decisiones sabiendo hacia dónde van los tiros y de acuerdo a lo que queremos lograr y lo que esperamos evitar.
El verdadero y más grave problema que veo en la actualidad no es sólo una política económica equivocada, temerosa de corregir las profundas distorsiones acumuladas a lo largo de muchos años sino, la falta seriedad, el desorden en la gestión, la imposibilidad para unos y otros, de planificar, de anticiparse a lo que el corto plazo nos depara. En general, muchos Eudomar Santos manejando el gobierno y su filosofía profundamente arraigada en la gestión pública termina afectándonos a todos, ya que no se pueden tomar decisiones sin un mínimo de certidumbre de lo que va a pasar. Todo se paraliza.
Ejemplos de esto en 2013 son varios, trataré de resumir: El nombramiento de Edmee Betancourt como presidente del BCV, una pésima decisión sólo superada por su posterior destitución. La eliminación del SITME, aborrecido ahora por aquellos que lo crearon y el vacío que dejó ante un SICAD dubitativo, intermitente y posteriormente, moribundo. La falta de convocatoria a las subastas de la nueva versión “reloaded”, la impuntualidad en la convocatoria que provoca que las empresas se enteren de la “rifa” fuera de horario laboral, la inclusión intermitente de viajeros en la convocatoria (publican un reglamento que establece que podrán optar hasta USD 2.500 y nadie ha recibido tal cantidad), la progresiva disminución de los montos adjudicados, el “error material” que anunciaba la suspensión del mecanismo a mediados de diciembre, para luego cerrar el año con la publicación con más de 20 días de retraso del boletín mensual con los indicadores de inflación, adornado con un lamentable comunicado de prensa. Todo esto ocurre en el marco del más absoluto silencio, ningún vocero se manifiesta al respecto y cuando lo hacen no se cumple, como cuando Armando León en Agosto, ofreció “para la próxima semana” una subasta que llegó varias semanas después. En cuanto a la vocería autorizada, la falta de un vocero ó la existencia de muchos agrava la situación: declaran Giordani, Arreaza, Merentes, Ramirez además de los inefables diputados Sanguino y Farías. Hacia el último trimestre se produjo la desaparición del ministro Merentes y su reemplazo por el ministro de petróleo, presidente de PDVSA, vicepresidente económico, vicepresidente del PSUV, coordinador del órgano de vivienda, de cuanto estado mayor y comisión superior han inventado, cuarto bate y novio de la madrina Rafael Ramírez.  Ni el presidente del BCV ni el ministro de Finanzas al parecer tienen nada que decir respecto a la economía del país, quizá están atendiendo asuntos más importantes.
El 2014 lamentablemente no pinta mejor. Tras casi 10 días del mes de Enero, la anunciada renovación del cupo electrónico no se ha concretado y aunque es un problema menor, en el sentido que no trastorna la economía nacional, si es una pésima señal, pone a la gente a especular sobre las razones, le echa gasolina al dólar paralelo y crea un descontento innecesario en la población. Otra promesa incumplida es la fulana publicación de los precios de los vehículos. Aunque es una medida totalmente inocua por cuanto no representa ningún efecto en la producción de vehículos, lo menos que podían hacer era publicarla en la fecha en que lo prometieron. Si no son capaces de cumplir la fecha de publicación de una lista de precios, como puede creerse que serán capaces de solventar los problemas de producción y abastecimiento de ese rubro?
Maduro ha tomado algunas medidas aisladas acertadas, el aumento en el encaje legal, el aumento de la tasa de interés pasiva, la discusión sobre el aumento de la gasolina (ya mató ese tigre, ojalá no le tenga miedo al cuero), las fiscalizaciones entre otras. El año 2014 es el momento de avanzar en la corrección de las distorsiones como la congelación de precios que han exacerbado la escasez y acelerado a su hermana siamesa, la inflación. El reloj está andando, esperamos escuchar medidas inmediatas y sobre todo, creíbles.

@jhernandezucv



miércoles, 8 de enero de 2014

TURISTEAR EN VENEZUELA

Hablando un poco de turismo nacional, voy a repasar algunas ideas sobre el tema. Venezuela, es bien sabido, dispone de un atractivo natural envidiable, las mejores playas del mundo, paisajes variados, flora y fauna generosa entre otras dotaciones entregadas por Dios, constituyen la mayor oferta turística, sin negar que existen ciertos destinos donde son las manifestaciones artísticas-culturales, religiosas, gastronómicas y el patrimonio histórico lo que se convierte en atractivo para el visitante local y extranjero. En cuanto al visitante extranjero, hasta Junio 2012, última fecha en que el ministerio de Turismo tiene disponible alguna información estadística, podría esperarse en un escenario optimista, el arribo de unos 850.000 turistas durante el año, lo cual representaría un incremento importante en el flujo de visitantes foráneos. Para poner esa cifra en contexto, considérese que Cuba, un país sometido a bloqueo económico y muy vilipendiado en los medios de comunicación Internacionales, recibió en 2.013, poco más de 2.8 millones de turistas y por ese concepto ingresaron a las isla, aprox 2.5 millardos de dólares, convirtiéndose en la segunda actividad generadora de divisas para ese país. En Venezuela, podrían haber ingresado entre 0.9 y 1.1 millardos USD por ese mismo concepto. Otro aspecto a considerar tiene que ver con que según las cifras de MINTUR, en 2.012 al menos el 20% de los visitantes lo hicieron por motivos de negocios, lo cual es perfectamente verificable al visitar los hoteles 5 estrellas de la capital y comprobar que en su mayoría, los huéspedes son trabajadores y ejecutivos de las multinacionales que operan en el país, que vienen a ofrecer bienes y servicios, dictar cursos, entre otras razones similares. Finalmente, hay que considerar que buena parte de los visitantes a nuestro país, quienes declaran venir de visita, provienen de Colombia, lo cual me atrevo a asegurar, está vinculado con la masiva salida de productos subsidiados por contrabando hacia el vecino país, por lo cual ese turismo no sólo no trae, sino que además, se lleva.
En cuanto al turismo interno, es innegable que ha tenido un crecimiento exponencial en los últimos años, hecho indudablemente vinculado a la recuperación del poder adquisitivo del Venezolano, lo que hace que en temporadas vacacionales, puentes y feriados, sea prácticamente imposible encontrar disponibilidad de servicios turísticos en casi ningún destino de la geografía nacional, especialmente en los destinos playeros.
Ahora, la calidad de la experiencia turística vivida en el que probablemente sea el país más bello del mundo, es otra historia. Comencemos por hablar de infraestructura: Aeropuertos nacionales e internacionales, terminales de transporte terrestre y carreteras y autopistas, son una verdadera tragedia, considerando los volúmenes de turistas locales que los utilizan y los que se aspira a atraer hacia el país ¿Quién puede disfrutar de un viaje placentero saliendo desde el terminal de La Bandera? En este punto debe mencionarse adicionalmente los servicios de disposición de desechos sólidos: una verdadera vergüenza en todo el país, pero especialmente marcado en zonas playeras y turísticas en general, basta con ir hacia Tucacas y ver que en la vía, a menos de 100 metros del mar, hay botaderos de basura a cielo abierto, rodeados en épocas más recientes, por la proliferación de ranchos que ha afectado al país entero en los últimos años.
Sigamos con los servicios de transporte: las aerolíneas Venezolanas son, sin duda un verdadero desastre, siendo la impuntualidad y el mal servicio un sello, una “marca país” como le llamarían los mercadologos. La escasez de frecuencias y de destinos es denominador común. Viajar entre Puerto Ordaz y Mérida (dos polos de turismo receptivo por consolidar) es imposible sin pasar por Caracas ó Maracaibo, lo cual representa perder un día de vacaciones. Tómese en cuenta que, por ejemplo, un trabajador Norteamericano toma no más de una semana al año para sus vacaciones. No time to waste.
Sigamos con la oferta de servicios al turista: los hoteles consolidados, aparte de insuficientes y costosos, tienen fallas en el mantenimiento y se ven afectados por otras condiciones del país: apagones y falta de agua entre ellos. Por otra parte, las posadas y servicios de alojamiento alternativos cuestan en temporada alta, tanto como un buen hotel de Bogotá ó Buenos Aires. En cuanto al trato al turista local ni se diga: comerse un pescado frito en la playa (justo donde los pescan) en un ranchito sin instalaciones sanitarias, con escaso esmero y cuidado en su preparación es una apuesta riesgosa y extremadamente costosa. Súmele a ellos los vivos que han privatizado las playas y que te alquilan un toldo y una silla por medio salario mínimo, de las cervezas y otros insumos mejor no hablemos. El caso de los lancheros en Morrocoy es como para echarse a llorar.
Finalmente, la inseguridad, esa que en México y Colombia obedece a estructuras criminales más o menos bien organizadas, en nuestro país es ciertamente más democrática: en cualquier zona, a cualquier hora, cualquiera puede atracarte, sólo se necesita una moto y una pistola -ambas muy abundantes en nuestro país- y es suficiente para que te dejen sin ganas de volver. El caso de Mónica Spears, más allá de la tragedia que toda muerte representa, es un caso de enorme simbolismo en esta materia: una Venezolana emigrada, vino con su esposo extranjero, a visitar su país, sabiendo que tiene los paisajes más bellos del planeta, (sobre eso publicó bastantes fotos en las redes sociales), y encontró la muerte en una carretera Venezolana donde varios cientos ya han perdido la vida y/o sus bienes en similares circunstancias en los miles de atracos que se dan en el sector. Si creen que exagero, pregúntele a los conductores de transporte colectivo que hacen uso de esa ruta.
Agréguesele a ello, la situación cambiaria, en la que ser poseedor de un dólar –algo muy normal para cualquier turista no Venezolano- te convierte en objetivo militar, poseedor de una riqueza inimaginable. Las posibilidades de comprar directamente en dólares, ó cambiar legalmente a bolívares a una tasa de cambio atractiva, en nuestro país simplemente no existen, por lo que el turista es abordado desde el propio aeropuerto por cientos de candidatos –en muchos casos autoridades- dispuestos a “ayudar” con el cambio de moneda.
En conclusión, hacer turismo en Venezuela es costoso, incómodo y riesgoso, aun así, vale la pena seguir intentando y avanzar en la formulación de políticas y en muchas gestión gubernamental para desarrollar el potencial del país para el aprovechamiento de los beneficios de la actividad turística y sus impactos positivos en su economía, a través de la generación de divisas, el desarrollo desconcentrado del territorio, y la redistribución del ingreso. Para ello, sobran las oportunidades, siendo el principal enemigo la depauperación y la informalización de todo el país, donde las invasiones –tanto de propiedad privada, como de áreas verdes públicas- que hoy son refugio de malandros y delincuentes como los que asesinaron a la Miss Venezuela, se han desatado sin interés aparente e incluso protección de las autoridades. Así mismo, la informalización y anarquizacion de la actividades de servicios turísticos (playas llenas de buhoneros, autobuseros que cobran lo que mejor les parece, taxistas sin tarifario ni taxímetro entre otras perlas) debe ser atendida como un problema que atenta contra el desarrollo de una actividad prioritaria para el país, por lo que debe castigarse severamente las prácticas de usura y desbordada ambición que hacen que el turista sea percibido como una piñata, al que hay que sacarle lo máximo posible en el menor lapso, en lugar de fortalecer la consolidación en el mediano y largo plazo de un destino turístico específico.
Por otra parte, hay que desarrollar un plan para la explotación racional de nichos del mercado turístico: ecoturismo, agroturismo, turismo religioso, deportivo, turismo de convenciones, turismo médico (como en Cuba) entre otros. Es un campo fértil para la inversión privada productiva, pero se necesita orden en el país como condición necesaria.
Veamos el caso de Orlando, en Florida, Estados Unidos. Es una ciudad de poco menos de 2 millones de habitantes (incluyendo localidades cercanas) que en el año 2011 recibió 55 millones de turistas, 3.8 millones de ellos, extranjeros. Es la región del mundo donde más autos se alquilan entre otras características que destacan ¿alguno de Uds. sabe cuánto cuesta alquilar un carro en nuestro país? Visitar Orlando es, sin duda, comprender el concepto de Industria Turística. La integración de una cadena de servicios  destinados a que el turista visite, gaste, y regrese una y otra vez (diversión, compras, transporte, ornato de la ciudad, accesibilidad para discapacitados y ancianos, alojamiento, seguridad, orden, limpieza, personal bilingüe y capacitado) Y en realidad no tiene un solo atractivo natural llamativo que valga la pena. Se ha enfocado en desarrollarse como un destino para el turismo familiar y las compras, y en épocas recientes ha hecho énfasis en el turismo de convenciones (el Convention Center de Orlando es en sí mismo un paseo).
En lo personal, aunque lo disfruto mucho, no es el concepto de Orlando el que yo considero un ideal para el desarrollo de la industria turística en el país. Ese modelo masivo, industrializado en el sentido Fordista, estandarizado, homogéneo y operado en forma concentrada por grandes corporaciones, dista de ser el ideal del desarrollo que Venezuela necesita. Lo ideal es un modelo desconcentrado, ecoamigable, de aprovechamiento de talento humano y encadenamientos productivos locales, fundamentalmente operado por PYMES, con respeto por las tradiciones culturales, artísticas y gastronómicas de la localidad. Ejemplos de buenas prácticas no abundan en nuestro país, pero las posibilidades de replicar experiencias como el circuito de la excelencia, son infinitas. Lo merecemos y lo necesitamos.

@jhernandezucv




viernes, 3 de enero de 2014

Ideas sobre Medidas Económicas Urgentes 2014

2013 fué un año caracterizado en materia económica por un lánguido crecimiento del PIB, a pesar de la favorable cotización internacional del barril de petróleo, una altísima inflación, una elevada y persistente escasez y en general un deterioro de las condiciones macro económicas del país. El reconocer que en los últimos años se han acumulado una serie de distorsiones en ese campo no es claudicar, es el primer paso para corregir lo que sea necesario y el 2014 -año no electoral- es una oportunidad de oro para hacerlo. Me salto la fase de los diagnósticos y paso directo a a algunas ideas de lo que pienso que debería hacerse desde ya para aprovechar el año. La demora es el principal enemigo.

Medidas cambiarias:
Régimen de cambio diferencial vigente por tres años: Se trata de establecer un sistema cambiario diferenciado, que conduzca a la progresiva restitución de los niveles de demanda real que la economía genere de acuerdo a su tamaño, y que no desestimule la producción interna, procurando minimizar el impacto inflacionario de la medida sobre los bienes básicos de la economía. Es un sistema un poco complejo que consta de tres tipos de cambio con vigencia de tres años, para terminar unificándose en dos tipos de cambio como sistema permanente. No implica la congelación del tipo de cambio, el cual debe guardar relación con el comportamiento de la inflación interna al compararla con la de nuestros principales socios comerciales:
Tipo de Cambio Nº 1: Bs. 9,50 por dólar. Representa una devaluación de 50,79% respecto a la tasa de cambio oficial actual, en reconocimiento de los valores de inflación acumulada durante 2013, con lo cual el valor de los productos importados se encarece relativamente respecto a los nacionales, restableciendo el equilibrio y sentando las bases para una racionalización de la demanda y de la sustitución productiva local, por lo menos mediante el aprovechamiento de la capacidad ociosa.
Este tipo de cambio sólo aplica para la importación de materia prima e insumos para la producción de la industria de alimentos y medicinas, así como ciertos rubros de alimentos y medicinas para uso/consumo final definidos en forma dinámica, en conjunto con el ministerio de industrias, agricultura y salud.
Tipo de cambio Nº2: Bs. 13,50 por dólar. Dirigido a equipos médicos, bienes de capital y sus repuestos, alimentos terminados y materias primas e insumos de todos los demás sectores industriales, incluyendo servicios, patentes ó cualquier otro concepto que apoye a la economía interna real. Nótese que está dirigido a todas las actividades de producción interna e inversión. No se subsidia mediante el TC la adquisición de equipos y bienes de capital.
Tipo de cambio Nº3: Dólar SICAD de libre flotación. Subastas de libre concurrencia donde el BCV inyecta al mercado una cantidad determinada y la interacción entre oferta y demanda privada determina el tipo de cambio y las cantidades que finalmente se transan en una jornada. La previsibilidad del precio y la constancia en las cantidades que el BCV esté dispuesto a inyectar tiende a “aplanar” la demanda y distribuirla adecuadamente en el lapso de vigencia del mecanismo. Todos los sectores y conceptos no contemplados en el TC1 y TC2 entran por este mecanismo, (remesas, turismo, compras electrónicas, importaciones no esenciales). Esta tasa regirá para la repatriación de las ganancias realizadas por las empresas no residentes, para las cuales el BCV establecerá cronogramas y mecanismos de liquidación. Ese tipo de cambio apunta según mis cálculos a un rango entre Bs. 18 -22. Esta tasa de cambio es la que debe regir la compra de los dólares a los exportadores a quienes debe permitírsele la libre disposición de hasta 80% de sus ingresos en divisas.

La constancia y la sostenibilidad de este mecanismo de cambio, donde el 75%-80% de las importaciones se producen  a una tasa de cambio ponderada de Bs.9,80-11,50 por dólar por una parte contribuye a desinflar la demanda exacerbada que hoy existe, permite la convergencia de la tasa no oficial (sobrevalorada hoy) por cuanto los flujos que cubren las necesidades reales están garantizados, mientras que cualquier excedente puede ser obtenido lícitamente en un mercado complementario, limitado pero constante, accesible incluso para personas naturales, democratizando la importación de bienes sin intermediarios. El impacto de esta convergencia esperada del TC No oficial hacia el TC promedio de la economía, debe producir un mejoramiento inmediato en los indices de inflación.

Medidas complementarias:

  • ·    Cronograma de incremento en el precio de la gasolina en Bs. 0,1 /litro mensualmente hasta Bs. 1,2 en diciembre 2014.
  • ·    Minimizar el ritmo de crecimiento de la liquidez, detener el financiamiento del BCV a PDVSA y otras empresas deficitarias. Las necesidades de caja deben cubrir se con emisión de deuda interna y apalancamiento a través de la banca pública y privada.
  • ·     Regulación y supervisión permanente sobre el establecimiento de precios. Regulación sin congelación de precios para la rentabilización de la producción interna. En este punto debe establecerse un cronograma de ajustes en los precios máximos de venta de rubros básicos como leche, carne, queso, harina de maíz precocida, azúcar refinada y aceite comestible entre otros, que promuevan la producción y disminuyan la escasez.
  • ·      Intervención y liquidación de empresas públicas no estratégicas y deficitarias. Hoteles, proyectos industriales fallidos, poco competitivos en ausencia del subsidio gubernamental directo ó a través de importaciones baratas deben ser privatizados ó transferidos a estructuras del poder popular (comunas) para su administración y operación. Ajuste progresivo de precios en los casos en que la baja rentabilidad sea a causa de la política de precios establecida, como ocurre en el caso de SIDOR, Aceites Diana, Lacteos Los Andes, AGROPATRIA, CANTV, CORPOELEC y las empresas del sector Cemento.
  •    Apertura al sector privado en sectores donde fué desplazado como por ejemplo, construcción residencial y comercial, transporte y comercialización de hidrocarburos en el mercado interno, algunos servicios al sector petrolero etc. 
      Esto lo escribí en Noviembre 2013 y sólo lo compartí en algunos foros de Internet. Algunas medidas al parecer, están en marcha



lunes, 14 de octubre de 2013

En defensa de los viajeros





Viajar al exterior es un placer. No es un pecado, no es un delito. No se trata de preferir otro país antes que el propio. Se trata de conocer, de experimentar, de procurar expandir nuestra visión de lo conocido, de saber.
Desde la época del tabarato, cuando alguna gente iba a comprar a Miami y regresaba el mismo día, los venezolanos han procurado siempre uno que otro viajecito al exterior como parte de su plan de vida. Algunos lo hacen por el puro placer de meter en cada conversación a su regreso, alguna anécdota del tipo, “… hablando de tequeños, cuando estuve en (coloque aquí el lugar) no me comí ni uno”. Otros son genuinos “backpackers” que genuinamente disfrutan del turismo como actividad recreativa preferida, y cuando viajan, se montan en el metro y autobuses de otros países, consumen comida típica, se toman sus respectivas foticos, traen souvenirs etc. Otro tipo de turista es el que se interna en un complejo todo incluido en Punta Cana, Cancún u otro destino y no conoce los alrededores sino que se refugia en esos enclaves rodeado de piscinas, restaurantes y tiendas que hacen indiferente su ubicación geográfica: son idénticos los de Margarita, Aruba, Curazao, de hecho, casi siempre son las operados por las mismas cadenas multinacionales.
Más recientemente, el turismo cambiario, ese que el gobierno impulsa por la congelación / subsidio de la tasa de cambio en un contexto de alta inflación interna, ha llevado a miles de venezolanos a paisajes tan exóticos como Panamá y Perú con la intención de raspar el cupo y traer de vuelta los dólares haciendo una ganancia cambiaria. Ese turista conoce menos, por no decir nada pues su objetivo es que le sobren la mayor cantidad de dólares.
Está el turista adinerado, ese que no depende de CADIVI para cubrir los gastos de viaje, bien sea por placer o negocios. Tiene toda la vida viajando y sencillamente “le vale” lo que pase con el cupo CADIVI.
Y  hay otro grupo de viajeros, los que al parecer son minoría. Los que no merecen un titular de prensa en defensa de su derecho a viajar, los que no son objeto de ninguna política pública. Los que son al parecer, los responsables de la escasez de dólares ó de un proceso de transculturización, del complot armado para que nuestros niños, jóvenes y jóvenas, tengan una visión del mundo más allá de lo que perciben en su entorno inmediato y a través de la TV e Internet. Estos viajeros, los que se privan de muchos gastos durante largo tiempo para reunir lo suficiente para poder hacer el viajecito, hoy están guindando y al parecer no hay nadie que se preocupe por ellos.
Y es que a nadie le importa, y hasta feo es, defender a una gente que no va a morir por no hacer el viaje habiendo tanta hambre y tanta necesidad en el planeta. No es fácil defender el consumo suntuario de familias que bien podrían irse de vacaciones a Santa María de Ipire en lugar de ir a Buenos Aires, a Nueva York ó Madrid.  Es como defender antojos, caprichitos lujosos.

En la constitución sin embargo, no se establecen limitaciones a esos derechos en razón de sus cualidades, no existe algo como, “tienes derecho a movilizarte sólo si es para conocer museos, o tratamientos médicos”. Viajar es un derecho hasta que se diga explícitamente lo contrario, quien pueda hacerlo, que emprenda los viajes que quiera a donde quiera.
El estado debe garantizar divisas subsidiadas a los viajeros? Definitivamente no. Puede ignorarlos a la hora de formular las políticas económicas? Tampoco. No se trata de facilitarle la vida a los viajeros, pero tampoco de hacerle la vida cuadros.
En la coyuntura actual, el gobierno tiene que saber que hay una gran cantidad de familias, que tienen ya planificado sus viajes para, digamos, los próximos tres meses. Ya tienen los boletos, reservaciones, itinerarios, todo. Y todo ha sido calculado a razón de 6,30 bs por dólar de CADIVI. Una devaluación del tc oficial de CADIVI, ó la exclusión de los viajeros del sistema CADIVI para acudir a un mercado alternativo, que se traduce en devaluación, duplica el costo del viaje planificado. En pocas palabras, le arruina los planes a más de uno. ¿Puede un estado hacerlo en nombre de una crisis cuya existencia  se ha negado reiteradamente? Yo pienso que no, que el estado tiene la obligación de otorgar plazos de espera para la entrada en vigencia de una medida como esta.
Téngase en cuenta que el cupo CADIVI sólo puede tramitarse 30 días antes del viaje. Que no es posible en la actualidad (como antes) comprar poco a poco las cantidades de dólares necesarios para el viaje que se planifique. Que no se pueden pagar por adelantado paquetes turísticos en moneda extranjera porque el cupo se activa justo el día en que se viaja. En resumidas cuentas, los viajeros dependen exclusivamente de CADIVI, de su eficiencia, y de la credibilidad del gobierno en cuanto a la política cambiaria. El que se embarcó en invertir en un viaje, lo hizo confiando en que no cambiaran violentamente las condiciones del entorno como al parecer sucederá.
Es loable que el gobierno dirija su discurso a los sectores de menores recursos, pero debe recordarse que el gobierno es para todos, que no sólo de pan vive el hombre y que los verdaderamente ricos, no se verían afectados con una medida como la propuesta ó en cualquier caso, tienen más recursos para defenderse.
Buen viaje